
Contrario al rey alemán, otros reyes cristianos, sobre todo el de Francia que ostentaba el título de Rey Cristianísimo, trataron de ocupar, sin éxito decisivo, el lugar del imperio atribuyéndose
el mando en la cruzada. Sería absurdo calificar esto de antiimperio, pues no hay derechos adquiridos en cuanto a la misión del Kat-echón. Los reyes españoles se titulan lmperator, también en relación con una guerra santa contra el Islam, el enemigo de la cristiandad. No es posible interpretar todo ello ni con ideas antihistóricas «liberadas de Roma», ni con concepciones modernas, o sea centralistas y positivistas, relativas al Estado de fines del siglo XIX, Para las civitates superiorem non recognoscentes, el rey alemán continuó siendo como emperador —aunque prácticamente sólo como efecto ulterior de su posición de rey de Italia— hasta principios del siglo XIV el pacificador, el conciliador y el combatidor de tiranos. Aún cuando la potestas imperial se había convertido en la realidad en un mero nombre sin poder, la
ordenación general amplia del Derecho de Gentes europeo medieval continuaba existiendo mientras la auctoritas del Papa era suficiente para encargar misiones y ordenar cruzadas y para
conceder nuevos territorios para el ejercicio de la actividad misionera. Mientras se prolongaba esta situación, la división fundamental a raíz de la ordenación del espadón, la distinción entre el suelo de soberanos y pueblos cristianos y el de países no cristianos, la consiguiente acotación de las guerras, o sea la distinción entre varias clases de guerra, y con ello el orden concreto entre los pueblos, aún seguían conteniendo una porción de realidad histórica.
(Schmitt, C., 2003, El nomos de la tierra. Buenos Aires: Editorial Struhart & Cía, p. 47).
ISSN 2605-3489