En el Número 7… la sopa primigenia

RichardForteyLavidaEl 1 de febrero de 1871 Charles Darwin escribió a su amigo Joseph Hooker: «Si (y ¡oh qué gran “sí”) pudiéramos concebir, en algún pequeño estanque con todos los tipos de amoniaco y sales fosfóricas, con luz, calor y electricidad presentes, que un compuesto proteico fuera formado químicamente, preparado para sufrir cambios todavía más complejos, hoy en día materia como esa sería instantáneamente devorada o absorbida, lo cual no habría sido el caso antes de que las criaturas vivientes fueran formadas». Esta era una clara indicación de su esperanza de que la vida pudiera ser manufacturada partiendo de lo que llegó a ser conocido en la prensa popular como la «sopa primigenia»: una especie de caldo nutritivo a partir del cual una célula viviente podría surgir, ya hecha, como el ancestro común de todas las cosas. El mismo Darwin tenía sus precauciones acerca de las ulteriores especulaciones públicas sobre el origen de la vida; pero la imagen del guiso ha perdurado y es una imagen atractiva.

Fortey, R. (1999). La vida. Una biografía no autorizada. Madrid: Taurus, 59.

 

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El choque de civilizaciones en las ondas…

Entrevista a nuestro Director y Editor José Manuel Rodríguez Pardo el 17 de Junio de

2020, en el programa de Radio La hora de Floki, sobre el libro de

Samuel Huntington, El choque de civilizaciones (1996).

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Muy pronto… El sentido de la Historia

Henry Kissinger Orden mundialEl sentido de la historia es algo que debemos descubrir, no proclamar. Es una pregunta que debemos intentar responder lo mejor que podamos reconociendo que permanecerá abierta al debate; que cada generación será juzgada por cómo se enfrentó a los temas más grandes y significativos de la condición humana, y que los estadistas deben tomar la decisión de afrontar estos desafíos antes de que sea posible saber cuál será el resultado.

 

 

Kissinger, Henry (2016), Orden mundial. Madrid: Debate, 373.

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En el Número 6… géneros literarios y géneros científicos

Rollin teoría géneros literariosEn cuanto que ha habido históricamente clasificaciones de géneros, los clasificadores han tenido que guiarse por algunos principios teóricos implícitos, aunque sólo sea porque el valerse de unas semejanzas e ignorar otras exige principios, del mismo modo en que los biólogos pre-evolutivos (e incluso el sentido común) han tenido que guiarse por principios rudimentarios. Lo que es necesario para que la teoría del género alcance su mayoría de edad, es que la teoría que esté detrás de la clasificación se articule y se defienda, del mismo modo en que la teoría evolutiva fue articulada y defendida. Sin una teoría, la clasificación literaria es algo análogo, en el mejor de los casos, a la historia natural en biología, el reconocimiento al azar de semejanzas entre particulares.

Rollin, B. E. (1988), «Naturaleza, convención y teoría del género», en Garrido Gallardo, M. A. (ed.), Teoría de los géneros literarios. Madrid: Arco Libros, 149.

 

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En el Número 6… el ensayo como género literario

Eduardo Nicol Problema filosofia hispánicaEl ensayo se encuentra, pues, a medio camino entre la pura literatura y la pura filosofía. El hecho de ser un género híbrido no empaña su nobleza, como una banda siniestra en el escudo. Su título es legítimo, pero no es título de soberanía. Quiero decir que el ensayo no puede ser demasiado literario sin dejar de ser ensayo, sin dejar fuera mucho más de lo que en el cabe. El ensayo es casi literatura y casi filosofía. Todos los intermedios son casi los extremos que ellos unen y separan a la vez. Pero como es un género y un artificio, tiene sus caracteres propios y debe cultivarse siguiendo las reglas del arte. Una de las primeras reglas tácitas es la que prohíbe decir algo que no se entienda en seguida. Cada género delimita el campo de sus posibles oyentes o lectores. Siempre hay o debe haber una cierta consonancia entre la forma y el fondo de un género y el carácter de los lectores

Nicol, E. (1998). El problema de la filosofía hispánica. México: FCE, 211-2.

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El Estado Islámico en las ondas…

Entrevista a nuestro Director y Editor José Manuel Rodríguez Pardo el 6 de Mayo de 2020, en el programa de Radio La hora de Floki, sobre el libro El Estado Islámico. Desde Mahoma hasta nuestros días (2016).

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En el Número 6… las relaciones entre literatura e Historia

Benito_Jerónimo_FeijooEn orden a la Historia hay el mismo error en el vulgo, que en orden a la Jurisprudencia: quiero decir, que estas dos Facultades dependen únicamente de aplicación, y memoria. Créese comúnmente, que un gran Jurisconsulto se hace con mandar a la memoria muchos textos, y un gran Historiador leyendo y reteniendo muchas noticias. Yo no dudo, que si se habla de sabios de conversación e Historiadores de corrillo, no es menester otra cosa. Mas para ser Historiador de pluma, ¡oh Santo Dios! sólo las plumas del Fénix pueden servir para escribir una Historia. Dijo bien el discretísimo y doctísimo Arzobispo de Cambray el Señor Saliñac, escribiendo a la Academia Francesa sobre este asunto, que un excelente Historiador es acaso aún más raro que un gran Poeta.

De hecho los Críticos no han sido tan difíciles de contentar de parte de la Poesía, como de parte de la Historia. Exceptuando uno u otro exquisitamente melindroso, todos convienen en que fueron excelentísimos Poetas, y sin defecto alguno, por lo menos notable, un Homero, un Virgilio, un Horacio; y a Ovidio, Catulo, y Propercio concederían la misma gloria, si la lasciva impureza de sus expresiones no empañara el tersísimo lustre de sus versos. Pero en los Historiadores, ¡oh qué difícil y severa se muestra la crítica, aún cuando examina los más sobresalientes! El mismo Prelado que acabamos de citar, nota la falta de unidad y orden en Herodoto; juzga a Jenofonte más Novelista que Historiador; y es dictamen común que en su Historia de Ciro, no tanto miró a referir los verdaderos hechos de este Príncipe, como a dibujar con colores mentidos un Príncipe perfecto. Concede a Polibio el razonar admirablemente en lo Político, y Militar; pero dice que razona demasiado. Celebra las bellas arengas de Tucídides, y Tito Livio, pero las culpa por muchas, y por obras de su invención, no de aquellos en cuyas cabezas las ponen. Culpa a Salustio, que en dos Historias muy cortas introdujese tanta pintura de personas, y costumbres. En Tácito reprehende la brevedad afectada, y la audacia de discurrir las causas políticas de todos los sucesos: defecto, que asimismo reconoce en Enrico Caterino.

Feijoo, B. J. (1775). Reflexiones sobre la Historia. Teatro crítico universal o discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, Tomo 4. Madrid: Real Compañía de Impresores y Libreros, 163-4.

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En la Naturaleza no hay causas finales

Holbach Sistema de la naturalezaLos insectos encuentran un refugio seguro entre las ruinas del palacio que acaba de aplastar hombres en su caída. ¿Acaso no es para los cuervos, las bestias feroces y los gusanos para los que el conquistador parece librar sus combates? Los pretendidos favoritos de la Providencia ¿acaso no mueren para servir de pasto a miles de insectos despreciables de los que esta Providencia parece ocuparse más que de ellos? El alción, divertido por la tempestad, juega sobre el agitado oleaje mientras que sobre los restos de su rota nave el marinero alza al cielo sus manos temblorosas. Vemos a los seres en una guerra perpetua, viviendo unos a costa de otros y aprovechándose de los infortunios que los asolan y los destruyen recíprocamente. La Naturaleza considerada en su conjunto nos muestra a todos los seres alternativamente sujetos al placer y al dolor, naciendo para morir, expuestos a vicisitudes continuas de las que ninguno de ellos está exento. La más superficial ojeada basta, pues, para desengañarnos de la idea de que el hombre es la causa final de la creación, el objeto constante de los trabajos de la Naturaleza o de su autor, a quien no se puede atribuir, según el estado visible de cosas y las continuas revoluciones de la raza humana, ni bondad, ni malicia, ni justicia, ni injusticia, ni inteligencia, ni sinrazón. En una palabra, considerando la Naturaleza sin prejuicios encontraremos que todos los seres son igualmente favorecidos en el universo y que todo lo que existe padece leyes necesarias, de las que ningún ser puede estar exento […].

Por otro lado, para poder justificar a la Providencia por los males, vicios y desórdenes que vemos en el todo que se supone que es su obra, habría que conocer la finalidad del todo. Ahora bien, el todo no puede tener finalidad, porque si tuviera una finalidad, una tendencia, un fin, ya no sería el todo.

Holbach, P. T. (1982). Sistema de la naturaleza. Madrid: Editora Nacional, 488-90.

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