En Septiembre… La Voluntad de Azorín

«—Lo doloroso es que esta danza del universo durará millares de siglos, millones de siglos, millones de millones de siglos. ¡Será eterna!… Federico Nietzsche, estando allá por 1881 retirado en una aldea, entregado a sus fecundas meditaciones, se quedó un día estupefacto, espantado, aterrorizado. ¡Había encarnado de pronto en su cerebro la hipótesis de la “Vuelta eterna”! La Vuelta eterna no es más que la continuación indefinida, repetida, de la danza humana… Los átomos, en sus continuas asociaciones, forman mundos y mundos; sus combinaciones son innumerables; pero como los átomos son unos mismos —puesto que nada se crea ni nada se pierde— y como es una misma, uniforme, constante la fuerza que los mueve, lógicamente ha de llegar —habrá llegado quizás— el momento en que las combinaciones se repitan. Entonces se dará el caso (…) de que este mismo mundo en que vivimos ahora, por ejemplo, vuelva a surgir de nuevo, y con él todos los seres, idénticos, que al presente lo habitan. “Todos los estados que este mundo puede alcanzar —dice Nietzsche—, los ha alcanzado ya, y no solamente una vez, sino un número infinito de veces. Lo mismo sucede con este momento: ha sido ya una vez, muchas veces, y volverá a ser, cada vez que todas las fuerzas estén repartidas exactamente como hoy; y lo mismo acontecerá con el momento que ha engendrado a este y con el momento al cual ha dado origen. ¡Hombre, toda tu vida, como un reloj de arena, será siempre de nuevo retornada y se deslizará siempre de nuevo, y cada una de estas vidas no estará separada de la otra sino por el gran minuto de tiempo necesario para que todas las condiciones que te han hecho nacer se reproduzcan en el ciclo universal! Y entonces encontrarás otra vez cada dolor y cada alegría, y cada amigo y cada enemigo, y cada esperanza y cada error, y cada brizna de hierba y cada rayo de sol, y toda la ordenanza de las cosas todas. Ese ciclo del que tú eres un grano, brilla de nuevo. Y en cada ciclo de la existencia humana, hay siempre una hora en que, en un individuo primero, después en muchos, luego en todos, se eleva el pensamiento más poderoso: el de la Vuelta universal de todas las cosas. Y ese momento es siempre para la humanidad la hora del mediodía”. “Yo no siento la angustia que sentía Nietzsche ante la Vuelta eterna —piensa Azorín—. (…) Yo creo que la vida es el mal, y que todo lo que hagamos para acrecentar la vida, es fomentar esta perdurable agonía sobre un átomo perdido en lo infinito… Lo humano, lo justo será acabar el dolor acabando la especie. Entonces, si la humanidad se decidiera a renunciar a este estúpido deseo de continuación, viviría siquiera un día plenamente, enormemente; gozaría siquiera un instante con toda la intensidad que nuestro organismo consiente. Y ya, después, el hombre acabaría en dulce senectud y ante sus ojos no se ofrecería el hórrido espectáculo de unas generaciones que entran dolorosamente en la vida —de unas generaciones que él ha creado inútilmente. Yo no sé si este ideal llegará a realizarse: exige desde luego un grado supremo de consciencia. Y el hombre no podrá llegar a él hasta que no disocie en absoluto y por modo definitivo las ideas de generación y de placer sensual… Sólo entonces, esto que llamaba Schopenhauer la “Voluntad” cesará de ser, cesará por lo menos en su estado consciente, que es el hombre. (…) “¡Esta vida es una cosa absurda! ¿Cuál es la causa final de la vida? No lo sabemos: unos hombres vienen después de otros hombres sobre un pedazo de materia que se llama mundo. Luego el mundo se hace inhabitable y los hombres perecen; más tarde los átomos se combinan de otra manera y dan nacimiento a un mundo flamante. Y, ¿así hasta lo infinito? Parece ser que no; un físico alemán [Azorín se refiere, quizás, a Rudolf Clausius o al austríaco Ludwig Boltzmann] —porque los alemanes son los que saben estas cosas— opina que la materia perderá al fin su energía potencial y quedará inservible para nuevas transmutaciones. ¡Digno remate! ¡Espectáculo sorprendente! La materia gastada de tanta muchedumbre de mundos, permanecerá —¿dónde? — eternamente como un inmenso montón de escombros… Y esta hipótesis, digna de ser axioma. que se llama la “entropía del universo”, al fin es un consuelo; es la promesa, un poco larga ¡ay!, del reposo de todo, de la muerte de todo».

[Azorín, (1968). La Voluntad. Madrid: Editorial Castalia, pp. 67, 220-1 y pp. 274-6]

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En breve… El mundo es ansí


«El mundo es ansí». ¡El mundo es ansí! Es verdad.

Todo es dureza, todo es crueldad, todo egoísmo. ¡En la vida de la persona menos cruel, cuánta injusticia, cuánta ingratitud…!

El mundo es ansí»

[Baroja, P. (1912). El mundo es ansí. Tercera parte, capítulo IV]

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En Septiembre…

Revista Metábasis

Número 22

Año 2025

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En Septiembre… Sólo el pueblo salva al pueblo

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En Septiembre… El pesimismo español, Pío Baroja

Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que entodas partes, y el pensamiento se llena de terrores como compenetración a la esterilidad emocional de la existencia (Baroja, P., El árbol de la ciencia, Capítulo 1)

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En Septiembre… La verdad sobre Jesús G. Maestro

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En Septiembre… El Estado, enemigo de la Filosofía

La significación práctico-política de la Filosofía la pondríamos, primariamente, en el punto en que ella colabora a la construcción de las mismas unidades políticas […] de las conciencias personales, en tanto que estructuras esencialmente históricas, en tanto que no son simplemente “conciencias individuales” psicológicas, sino universales, lógicas. A través de esta reducción lógica, la Filosofía incorpora al campo de su consideración crítica a los propios políticos prácticos, y en el momento en que el político práctico decide amordazar cualquier tipo de crítica procedente de la perspectiva filosófica, se hace enemigo de la Filosofía y la refuta de la única manera que cabe refutarla: como la refutó Justiniano en Atenas, cuando, hacia el año 529, clausuró las escuelas filosóficas. [Bueno, G. (1970). El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Madrid: Editorial Ciencia Nueva, pp. 278-9].

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Esta noche… Entrevista en Youtube

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En Septiembre… El delirio paranoide del fascismo

La tenaza mortal que los imperativos anti mantienen sobre Occidente es más que obvia. Tras la elección de Donald Trump, un buen número de eminentes periodistas fueron presa de la histeria: ¡es un «autoritario»! Lo mismo ocurre con el populismo europeo. Un fantasma se cierne sobre Europa, nos advierten incontables periodistas y opinólogos: es el fantasma del fascismo. Artículo tras artículo y columna tras columna, nos presentan las semejanzas entre nuestra situación y la de la Alemania de los años treinta del pasado siglo. Hasta tal punto que, cuando alguno de nuestros tertulianos compara a Trump con Franco y no con Hitler, no podemos dejar de ver en ello un indicio de mesura y sutileza. La intelectualidad contemporánea está empeñada en regresar a las escabrosas décadas de principios del siglo XX. Es como si tratasen desesperadamente de mantener el siglo pasado en marcha, insistiendo en que la lucha contra el fascismo sigue siendo nuestra lucha.

Esto es absurdo. No estamos en 1939. Nuestras sociedades no se reúnen en masas que desfilan al compás. La planificación centralizada no asfixia nuestras economías. Ya no hay una cultura burguesa dominante emperrada en la «exclusión». Bull Connor ya no es el comisionado de seguridad pública en Birmingham. En vez de eso, nuestras sociedades se están disolviendo. La globalización económica hace trizas el contrato social.

Reno, R. (2020). El retorno de los dioses fuertes. Nacionalismo, populismo y el futuro de Occidente. Madrid: Editorial Ivat, p. 33.

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En Octubre… La Geopolítica de nuestro presente. Abierto el plazo para enviar comunicaciones

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