
La voz se esfumó cortésmente. La clase sigue. Pasaje completo de Heráclito:
«Guerra, de todos padre, rey de todos… Y a unos los marca como dioses; como hombres a los otros. Y a los más hace esclavos, y hombres libres a los menos».
Treinta y tantos años después, y ya en otro mundo, habrá de recordar aquel incruento pase de esgrima, para apercibirse de que hoy lo ofensivo no hubiera sido la irrupción de la palabra «guerra», como lo fue entonces. Que el enfado hubiera tenido como blanco otro término, entonces indiferente. Mediado el tercer decenio del siglo XXI, ni aun la mejor intencionada neófita en el arte hubiera tolerado que, en el momento en el que la palabra «filósofo» es por primera vez usada, un varón blanco —y hasta puede que heterosexual, aunque con los griegos eso nunca se sabe— alzase sobre la advocación del Padre su monumento. Pólemos, hace cuarenta años, Páter ahora: nudos modificados del escándalo. Siglo XX, siglo XXI.
La clase había seguido. Y, con ella, el comentario de un texto griego, bello y misterioso, que tal vez ya tan solo al profesor interesaba por aquel entonces. Hoy, esa inercia no hubiera sido posible.
Y el sabio comentario, trocado en ofensa misógina, habría sido cancelado. Puede que, en adelante, las ediciones de Heráclito lleguen a ser expurgadas de sus dos mil seiscientos años de incorrección política. Y que, entonces sí, el eclipse del Padre se consume. Con él, su universo de palabras, que es el universo.
Así sonará en escritura inclusiva:
«Pólemos, de todo madre y padre, reina y rey de todo…».
Mejor.
Sí, muchísimo mejor.
El tiempo en el cual era factible llamar a cada cosa por su nombre caducó. El salto de milenio lo trocó en prehistoria. Los nombres son ahora «correctos»: es decir, «corregidos». A la medida exacta que un supremo censor dictamine acorde con sus cánones, normas y desvelos.
(Albiac, G. [2024]. El eclipse del padre. Una crítica de la razón woke. Madrid: La Esfera de los Libros, pp. 14-5)
ISSN 2605-3489