
«Pero si el nombre del ser no es unívoco, su multiplicidad de sentido no se parece a la de las palabras en que se encuentran juntas por casualidad varias significaciones. Hay casos, los del uso metafórico, fundados parte en la analogía, parte en la estrecha relación con lo que lleva el nombre en sentido propio. Así llamamos sano no sólo al hombre que goza de salud sino también a un alimento, una medicina, un color de rostro: al alimento y a la medicina, porque sirven para conservar o restablecer la salud ; al color, porque es señal de salud. En el mismo caso está lo equívoco de la palabra «ser»: siendo varias sus significaciones, están todas en relación con una, de tal modo que si desaparecióse el que lleva el nombre en este ultimo sentido, caería ipso facto todo lo que lleva el nombre en otros sentidos. Toda ciencia versa sólo sobre una clase de objetos, pero de éstos, asienta todo lo que, como tales, les pertenece. También la sabiduría, si tiene por objeto el ser en sentido propio, ha de comprender al mismo tiempo todo lo que se denomina ser en sentido impropio» (Brentano, F., 1951, Aristóteles. Barcelona: Editorial Labor, pp. 40-1).
ISSN 2605-3489