
Ahora, si colocamos los electrodos en la cabeza de una persona normal despierta y atenta, obtendremos, a un nivel superior de amplitud, un grupo de registros que a primera vista parecerán casi iguales a los del «ruido». Pero si examinamos estos registros con un analizador de frecuencias o con un toposcopio, no obtenemos los mismos resultados monótonos. Algunas bandas de frecuencia son ocupadas más a menudo que otras; la actividad momentánea en varios canales exhibe una relación congruente de fase; un promedio obtenido sobre un periodo prolongado no se asemeja a ninguna de las muestras que se promediaron. En otras palabras, estamos ante un pattern que sólo logramos distinguir del «ruido» comparando las estadísticas de su distribución en frecuencia, fase y espacio, con los resultados que serían de esperarse con un verdadero «ruido» casual.
Es difícil captar estos conceptos sin familiaridad previa con el problema. Un ejemplo tomado de la lingüística pudiera ser útil. Atención. Las letras de esta frase pueden disponerse en cualquier orden: sal sartel ne droeda tsereiuq lauce sarf ne nedeupe srenopsid. Al revolverlas lo suficiente, las letras pierden su sentido; pero en la frase traspuesta anterior el significado es muy fácil de descubrir (Grey Walter, W., 1975, El cerebro viviente. México: Fondo de Cultura Económica, pp. 153-4).
ISSN 2605-3489