En breve… La relación es un elemento incorpóreo

La otra «pista» a lo largo de la cual se mueve la razón dialéctica, que remonta la corporeidad, partiendo de ella, es de naturaleza bien distinta. Diríamos que en lugar de ser física o química, es geométrica (M3), y por ello ha podido ser ampliamente transitada desde los tiempos de Platón. Dado un universo sembrado de cuerpos (astros, células, moléculas), es necesario también reconocer las relaciones de distancia entre ellos. Pero las distancias entre los cuerpos no son corpóreas —la distancia entre los astros no es un rosario de astros; la distancia entre las células no es una cadena de células; la distancia entre las moléculas no es una molécula—, sin que por ello pueda en ningún momento afirmarse que sean «inmateriales». Esas distancias (que fueron llamadas «vacío» por los atomistas antiguos), cuya realidad es tan efectiva, por lo menos, como la que puede serle atribuida a los propios cuerpos (es decir: no es posible defender la opinión de la idealidad de esas distancias si, al mismo tiempo, no se defiende la «idealidad» de los cuerpos distanciados), son plenamente materiales, aunque sean incorpóreas (Bueno, G., 1972, Ensayos materialistas. Madrid: Editorial Taurus, pp. 32-3).

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ISSN 2605-3489

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