Próximamente… Los límites del pesimismo

La distinción que se nos muestra como fundamental e imprescindible es la distinción que ya hemos bosquejado entre el descenso global o «integral» del Mundo y el descenso sectorial de alguna parte suya, como por ejemplo, el Género humano. A quien, fundándose en ese supuesto, habla de la degeneración sectorial de la humanidad, y con ella, de la degeneración de la humanidad futura (del catastrófico porvenir del bienestar público, derivado del incremento demográfico, de la probabilidad creciente de enfermedades infecciosas, de las guerras) se le podrá acusar de círculo vicioso: «La felicidad humana tiene un curso descendente porque descendente es el curso de la humanidad feliz.» Pero si se habla de degeneración global, es evidente que esta concepción habría de afectar a nuestras propias ideas sobre la felicidad, y aun a las disposiciones prácticas que pudieran adoptarse en función de su cuidado y promoción. Una ideología apocalíptica (como las que hemos citado en párrafos anteriores), en el supuesto de que ella estuviera asociada al materialismo pluralista, bloquearía cualquier plan o programa de largo alcance para promover la felicidad pública o privada. Desde premisas apocalípticas radicales lo único razonable sería prepararse para la muerte, o preparar a los ciudadanos para que pidan a las autoridades asistencia para su suicidio (Bueno, G., 2005, El mito de la felicidad. Madrid: Ediciones B, p. 296).

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ISSN 2605-3489

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