En breve… Una crítica feminista a El varón domado

[Esther Vilar] Quiere convencernos de que la mujer no tiene nada que hacer en el mundo, jamás tuvo nada que hacer, porque no le ha interesado otra cosa que no fuera domar al varón.

Y subraya, cómo todos los inventos, todos los descubrimientos han sido obra de los varones. En lo que no repara en esta ocasión es en que toda la obra de los varones ha sido empujada, entonces, por la mujer que le domaba, por la mujer que le explotaba, por la mujer que le obligaba a inventar y a descubrir para ella…

Sin embargo, habría que añadir algo más: quizás los varones no hemos concedido nunca a la mujer la posibilidad de que hiciera nada. Porque nos estamos olvidando de algo importante, algo a lo que E. V. jamás hará referencia: que ha sido el siglo XX quien ha traído, de alguna manera, el despertar de los impulsos femeninos. Hasta nuestro siglo, la mujer ha estado condenada a servir al hombre. Todavía lo está, pero el proceso se va resquebrajando. La mujer ha estado impedida para hacer nada que mereciera la pena. La mujer, sola, esperaba la vuelta del guerrero, no sólo para brindarle su vagina, sino para lavar sus pies y sus manos. La mujer —como dispuso siempre de varón— no tenía impulsos, ni apetencias, ni deseos, ni aficiones (Valverde, J. A., 1975, El varón domado. Réplica. Proceso a la obra de Esther Vilar. Madrid: Ediciones Sedmay, p. 53)

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ISSN 2605-3489

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