El feminismo siempre intenta reescribir la Historia

De hecho, entre nosotros, la periodista Esther Vilar ya detectó la disonancia cognitiva que la
sociedad había inducido en los hombres, al hacerles creer que dependían de las mujeres,
cuando histórica y actualmente era totalmente al revés: que realmente son las mujeres las
interesadas en «domar» a un hombre, para ellas no tener que dedicarse a trabajar y buscar su
propio sustento:


El hombre está amaestrado de tal modo por la mujer que no puede vivir sin ella y hace,
por lo tanto, todo lo que ella le exige. Lucha por la vida y llama a eso amor. Hay hombres
que amenazan a sus adoradas con suicidarse si no le hacen caso. La cosa no tiene peligro
alguno para las mujeres: ellas no tienen nada que perder.
Pero tampoco la mujer puede existir sin el varón, pues es tan incapaz de vivir como la
abeja-reina. También ella lucha por la vida y llama a eso amor. Cada cual necesita al otro,
y así parece que haya al menos un sentimiento común entre ellos. Pero las causas y la
naturaleza de ese sentimiento, así como sus consecuencias, son del todo diferentes en los
dos casos (Vilar, E., 1973, p. 167).


Las tesis de Esther Vilar fueron contestadas con profusión en la España de su época. Contra
esta periodista se levantaron algunas voces de hombres feministas, que quisieron reinventar la
Historia, como siempre hace el feminismo, diciendo que los varones no han permitido a las
mujeres intervenir en la Historia Universal:

«[Esther Vilar] subraya, cómo todos los inventos,
todos los descubrimientos han sido obra de los varones. En lo que no repara en esta ocasión es
en que toda la obra de los varones ha sido empujada, entonces, por la mujer que le domaba, por
la mujer que le explotaba, por la mujer que le obligaba a inventar y a descubrir para ella… […]
Hasta nuestro siglo, la mujer ha estado condenada a servir al hombre. La mujer ha estado
impedida para hacer nada que mereciera la pena» (Valverde, J. A., 1975, p. 53).


De hecho, frente a la idea feminista que considera que el «patriarcado» históricamente ha
recluido a las mujeres en el ámbito doméstico, realmente es ese ámbito doméstico el que ha sido preferido por las mujeres, ya que así no tienen que enfrentarse a los desafíos de trabajar
como un hombre:


El trabajo doméstico es tan fácil que en los manicomios lo ejecutan tradicionalmente los
oligofrénicos que no sirven para ninguna otra cosa. El que las mujeres protesten a veces
porque no reciben un sueldo especial por ese trabajo (y no exigen mucho: no más, por
ejemplo, que el salario de un mecánico de automóviles…) es una prueba más de lo
atractivo que es ese «trabajo» para ellas. Esas reivindicaciones son, además, muy miopes,
pues podrían provocar el que un buen día las mujeres se estimaran efectivamente como
fuerza de trabajo y se asalariaran adecuadamente. Esto pondría de manifiesto que viven,
gracias a los varones, muy por encima de sus posibilidades (Vilar, E., 1973, pp. 62-3)

Rodríguez Pardo, J. M. (2024). El pesimismo, Filosofía de nuestro tiempo.

Revista MetábasisNº 18, pp. 81-2.

revistametabasis.com

ISSN 2605-3489

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