En breve… El amor como triunfo en la lucha por la vida

El hombre está amaestrado de tal modo por la mujer que no puede vivir sin ella y hace, por lo tanto, todo lo que ella le exige. Lucha por la vida y llama a eso amor. Hay hombres que amenazan a sus adoradas con suicidarse si no le hacen caso. La cosa no tiene peligro alguno para las mujeres: ellas no tienen nada que perder.

Pero tampoco la mujer puede existir sin el varón, pues es tan incapaz de vivir como la abeja-reina. También ella lucha por la vida y llama a eso amor. Cada cual necesita al otro, y así parece que haya al menos un sentimiento común entre ellos. Pero las causas y la naturaleza de ese sentimiento, así como sus consecuencias, son del todo diferentes en los dos casos (Vilar, E., 1973, El varón domado. Barcelona: Editorial Grijalbo, p. 167).

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En breve… Schopenhauer por Amalie John Hathaway

En 1818 apareció el primer volumen de Die Welt als Wille und Vorstellung (El mundo como voluntad y representación), la obra principal de Schopenhauer. Contrariamente a sus expectativas, esta obra no recibió sin embargo ninguna atención. Apenas alguna cantidad de críticas adversas encontró este ismaelita filosófico preparado y listo para la batalla; pero este silencio y abandono totales fueron una decepción que jamás superó durante su vida, así como tampoco perdió su afilada y venenosa agudeza. Sin embargo, consciente de su valor y convicción, Schopenhauer comenzó a dictar clases en Berlín. Pero durante este brillante período, durante el cual el entusiasmo por Hegel estaba en su apogeo no había sitio para la sombría filosofía de un pesimista. Mientras estudiantes de todas las partes del mundo acudían al aula de clases de la filosofía reinante, mientras el nombre de Hegel estaba en todos los labios, mientras la juventud alemana era conducida a través de la cabeza y el corazón a la magia de esta nueva revelación, Schopenhauer era mantenido distante, condenado al fracaso, a la oscuridad y al abandono. Después de ello, y a pesar de sus reiterados esfuerzos, el docente se encontró sin ningún estímulo para seguir enseñando a asientos vacíos . Se retiró finalmente, eligiendo Francfort como domicilio, donde vivió una vida misántropa, solo con la filosofía y su propio orgullo herido [Hathaway, A. J., (1881-2). «Schopenhauer». Education, Nº 2, p. 236].

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Número monográfico: Cien años de Gustavo Bueno

Gustavo Bueno (1924-2016)

Revista Metábasis realiza un llamamiento para el envío de toda clase de trabajos, con vistas a la edición de un número monográfico, bajo el título:

A cien años del nacimiento de Gustavo Bueno

Planteamiento.

El 1 de Septiembre de 2018, cuando Gustavo Bueno hubiera cumplido 94 años, nació Revista Metábasis para el desarrollo del sistema del materialismo filosófico. Justo seis años después del surgimiento de nuestra publicación, y a poco más de ocho años de su fallecimiento, el 7 de Agosto de 2016, se cumplirán los cien años del fundador del materialismo filosófico. Una efeméride tan importante no puede ser pasada por alto por nuestra publicación, que va a marcar un hito tanto periódico, al motivar un número publicado según la periodicidad habitual de nuestra revista, en este caso el tercero de este año 2024, y también atendiendo a un hecho tan singular como el centenario del nacimiento del filósofo Gustavo Bueno.

Como afirmó nuestro Director, José Manuel Rodríguez Pardo, en el Número 1 de nuestra revista, en 2018, el sistema del materialismo filosófico, fundado por el filósofo español Gustavo
Bueno (1924-2016), lleva desarrollándose desde hace más de cuatro décadas en multitud de
países del mundo y a través de muchos seguidores. Pese a la considerable difusión del
sistema a través de diversos canales, numerosos problemas siguen abiertos en el
materialismo filosófico, a ocho años tras el fallecimiento del que fuera su acuñador y autor principal. Con este número monográfico, que publicaremos el 1 de Septiembre de 2024, justo en el centenario del nacimiento de Bueno, pretendemos ofrecer una panorámica del sistema que fundó, el materialismo filosófico.

Muchas son las formas en las que se ha presentado al gran público las líneas fundamentales del sistema del materialismo filosófico. Debido a la aparente farragosidad y complejidad con la que Bueno elaboró muchas de sus obras (adjetivos que se encuentran sin embargo en las antípodas de sus conferencias y manifestaciones públicas, en las que sus ideas se expresaban con mucha más claridad y, también por supuesto, vehemencia), hemos decidido utilizar una presentación respecto a una de las últimas cuestiones que trató con mayor extensión en sus últimos años: los tipos de fundamentalismos que sirven para clasificar la estructura de la realidad:

  • Fundamentalismos religiosos. En lo relativo a las denominadas religiones terciarias o «religiones de libro», suele confundirse el fundamentalismo con el integrismo (o rigorismo=, es decir, la aplicación con rigor de todos los preceptos que predica una religión. Sin embargo, un fundamentalismo religioso (ya fuera cristiano, judío o musulmán) lo importante es destacar cómo el componente religioso se encuentra a la base de cualquier manifestación humana (por ejemplo, el arte, la ciencia, la política, etc.), sin la cual carecería de sentido.
  • Fundamentalismos científicos. En referencia a aquellas concepciones de la ciencia que pretenden que una o varias categorías científicas poseen suficiente fuerza como para convertirse en el fundamento único de toda la realidad. Incluimos aquí varios tipos de fundamentalismos, desde los fundamentalismos específicos (o internos a una categoria, como el fundamentalismo geométrico), los fundamentalismos genéricos, que se refieren no ya a una ciencia específica, sino a «la ciencia» en general (por ejemplo, el ideal de la ciencia unificada del Círculo de Viena) y los fundamentalismos expansivos que, asentados en una ciencia categorial, pretender erigirla en canon universal. (el famoso «todo es Química» que defendió el Premio Nobel Severo Ochoa).
  • Fundamentalismos políticos. Especialmente el más habitual de nuestro tiempo, el fundamentalismo democrático, que pretende considerar la democracia, una forma de gobierno más, como la fuente de todos los valores. Reduciendo así a toda forma de gobierno no democrática a una mera autocracia o gobierno indigno. Pero también habría que incluir aquí a fundamentalismos políticos dados en el siglo XX como fueron el comunismo realmente existente, el fascismo o el nazismo.

Trabajos que pueden presentarse para este monográfico.

Siguiendo las líneas fundamentales del materialismo filosófico, entendemos que no solamente se ha de convocar a los «expertos» en la Filosofía administrada (ya sea por las instituciones universitarias o por las «no universitarias»), sino que ha de tenerse en cuenta también los saberes de los que la Filosofía, como saber «de segundo grado», se nutre para realizar el análisis y la crítica del presente. Por lo tanto, en Revista Metábasis se convoca también a los especialistas en diversas áreas del saber (biólogos, juristas, políticos, economistas, científicos, &c.) que estén interesados en las temáticas que analiza el materialismo filosófico en sus análisis.

Se admiten para este número monográfico los escritos que encajen en cualquiera de las secciones de Revista Metábasis que se incluyen en sus Normas de publicaciónArtículosComentarios y Reseñas bibliográficas, con las características que se mencionan en las mismas para cada uno de los formatos posibles.

Plazo de presentación.

Los trabajos mencionados habrán de remitirse de forma completa (no bastará un resumen o una mera propuesta), para su inclusión en este número monográfico, antes de la fecha siguiente:

1 de Agosto de 2024

La dirección a la que enviar los trabajos es la siguiente:

revistametabasis@gmail.com

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Próximamente… El pesimismo niega la felicidad

Al terminar la Gran Guerra de 1914 a 1918, el materialismo no solamente se muestra obediente a la Termodinámica, sino sobre todo a la teoría de la evolución, es decir, a la teoría de la transformación de las especies. A partir de esta doctrina algunos desembocan en una concepción escatológica de la Humanidad, que herirá también seriamente a cualquier idea de felicidad humana que pretenda rebasar el horizonte de la psicología o el de la fisiología humana. La teoría de la evolución había llevado a muchos estudiosos a la conclusión de que la vía evolutiva que condujo hacia el homo sapiens era una vía muerta, sin la menor garantía para el futuro. Max Scheler, en su opúsculo sobre La Idea del Hombre en la Historia, definió cinco Ideas de Hombre, que corresponden a otras tantas visiones del Hombre y de su Historia. Y lo que él denominó «cuarta Idea de hombre» se corresponde, más o menos, con la Idea de hombre implicada en el materialismo monista descendente, que incubó una «nueva Antropología». A lo largo del siglo XX, la Idea de que la felicidad humana estaba agarrotada por el Espíritu y por la Cultura, experimentó un vigoroso resurgimiento; de aquí la enseñanza de que la recuperación de la felicidad humana tendría que venir a través del cuerpo, en la «lucha de la vida contra el espíritu». Theodor Lessing, en El ocaso de la Tierra y el Espiritu, llega a decir que «el hombre es un simio fiero que poco a poco ha enfermado de megalomanía por causa de su «así llamado» espíritu». […] Es obvio que la concepción regresiva de la evolución humana incide muy directamente en cualquier doctrina sobre la felicidad. Ante todo, a través de la desconexión de principio entre la «felicidad individual» y Ia «felicidad de la especie». El hombre individual podrá estar «muy sano y feliz» dentro de su organización individual, pero la enfermedad afecta a su organización específica, al hombre mismo como especie. La felicidad individual o grupal será sólo un disfraz, un aparato ortopédico —la Cultura— que los hombres se procuran para ocultar su fracaso como especie, para ocultar su destino. El deseo de felicidad, aun en el supuesto de que fuera universal, habría de ser considerado, en todo caso, como un deseo falaz y superficial, indigno del hombre que quiere ser consciente del puesto que ocupa en el Mundo.

(Bueno, G., 2005, El mito de la felicidad. Madrid: Ediciones B, pp. 267-8)

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En breve… La imposibilidad del hombre

IV. El hombre como imposibilidad lógica y ética y como maldición del mundo

Erradicación del hombre — Significación de la mujer.

I. En la concepción (Anschauung) del hombre (Mann) radica el centro de gravedad del pesimismo [der Schwerpunkt des Pessimismus] En la crítica de la bajeza del hombre culmina la única, verdadera y correcta aclaración del mundo [Weltbeleuchtung].

2. Por su constitución [Beschaffenheit] , el hombre es indigno de su compañera, un impedimento para el matrimonio, y no un motivo de enlace. En general no encaja en el marco de un mundo dotado de razón, pues es demasiado rudo y mendaz; su pensamiento es demasiado defectuoso y laberíntico, y su fealdad exterior demasiado evidente como para que sea capaz de dominar con delicadeza la vida.

3. El hombre es el héroe del trabajo vulgar, un proletario innato y el plebeyo más ordinario. Es el malvado y estúpido diablo [böse und dumme Teufel] , que pone obstáculos una y otra vez a la paz de la naturaleza, haciendo de la vida, que está dispuesta para la alegría, la ligereza y las distancias cortas, un infierno satánico sin fin; él es, también, el que valiéndose de la codicia de género hace del sexo humano, que por ser el más noble debería limitarse a algunos valles, un enjambre tumultuoso e indisciplinado que está enfermo en lo más íntimo del alma.

4. El hombre que es un eslabón intermedio [Zwischenglied] entre el hombre y el animal, pues es un monstruo y, como tal, se encuentra dispuesto de una forma tan cínica y ridícula que realmente no puede ser por completo una cosa ni la otra.

Druskowitz, H. (2020). Escritos sobre feminismo, ateísmo y pesimismo.

Madrid: Taugenit Editorial, p. 62.

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Próximamente… Los límites del pesimismo

La distinción que se nos muestra como fundamental e imprescindible es la distinción que ya hemos bosquejado entre el descenso global o «integral» del Mundo y el descenso sectorial de alguna parte suya, como por ejemplo, el Género humano. A quien, fundándose en ese supuesto, habla de la degeneración sectorial de la humanidad, y con ella, de la degeneración de la humanidad futura (del catastrófico porvenir del bienestar público, derivado del incremento demográfico, de la probabilidad creciente de enfermedades infecciosas, de las guerras) se le podrá acusar de círculo vicioso: «La felicidad humana tiene un curso descendente porque descendente es el curso de la humanidad feliz.» Pero si se habla de degeneración global, es evidente que esta concepción habría de afectar a nuestras propias ideas sobre la felicidad, y aun a las disposiciones prácticas que pudieran adoptarse en función de su cuidado y promoción. Una ideología apocalíptica (como las que hemos citado en párrafos anteriores), en el supuesto de que ella estuviera asociada al materialismo pluralista, bloquearía cualquier plan o programa de largo alcance para promover la felicidad pública o privada. Desde premisas apocalípticas radicales lo único razonable sería prepararse para la muerte, o preparar a los ciudadanos para que pidan a las autoridades asistencia para su suicidio (Bueno, G., 2005, El mito de la felicidad. Madrid: Ediciones B, p. 296).

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Lo que tienen en común todos los feminismos

Al fin y al cabo, el mundo que ha diseñado el feminismo, o la «civilización feminista», por utilizar la errada expresión de Amelia Valcárcel, dotada de «características igualitarias» [sic] encuentra su reflejo en obras artísticas del cariz y el nivel de la reciente película Barbie (2023), de Greta Gerwig, verdadero paradigma del Pensamiento Alicia, «una suerte de ensoñación infantil o, si se prefiere, como una ensoñación simplista, propia del adolescente que habiendo ya alcanzado, desde luego, el uso de la razón —por tanto, la posibilidad de una coherencia interna en sus discursos—, sin embargo se deja llevar por las razones abstractas que corresponden a una única línea de discurso y, por tanto, procede acríticamente, encubriendo la realidad en lugar de analizarla». Cuando Barbie y Ken cruzan «más allá del espejo» hacia el mundo real y son detenidos por la policía, cuando se les toman los datos señalan que, al ser muñecos, carecen de genitales, de sexo. Pues ese es el mundo feminista: un mundo en el que las mujeres no necesitan al hombre, al ser humano masculino, pues ellas son empoderadas e independientes, esto es, totalmente iguales a los hombres, en tanto que, obviamente, carecen de genitales, de sexo… pese a que luego, como dicen las estadísticas reproducidas en el libro que estamos reseñando, dejan todos los trabajos duros y peligrosos a esos hombres a los que previamente han menospreciado, y pese a que quieren seguir comportándose como mujeres en algo tan íntimo y personal como es la maternidad. ¿Qué diferencia existe entre las proclamas del feminismo convencional y el feminismo trans? Realmente ya es una distinción de matiz, pues el recurso al sexo y la reproducción para negar una locura trans rezuma patriarcado por los cuatro costados…

Rodríguez Pardo, J. M. (2024). El feminismo devora a sus hijas. «Reseña» a Carrasco Pons, S. (coord.), Hidalgo Urtiaga, Muñoz de Lacalle, A., Pibernat Vila, M. (2022). La coeducación secuestrada. Crítica feminista a la penetración de las ideas transgeneristas en la educación. Barcelona: Ediciones Octaedro, 237 páginas. Revista MetábasisNº 17, pp. 87-8.

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La verdadera política

La buena política es la política de verdad, la verdadera política y la política verdadera. La mala
política no es política. La política empírica es doxa, apariencia, epifenómeno. Así como la mala
filosofía no es filosofía sino sofística, la mala política no es más que una variedad de la
sofística, es decir, del tráfico de ídolos, de imágenes. La política es el buen mando, la eutaxia
vino a decir Aristóteles, orthé arkhé dice Platón. Por ello el poder político es absoluto y añado
yo siguiendo a Julien Freund, es monocrático, siempre hay uno solo que es quien manda,
aunque aparentemente sea un mando colegiado. Decía Carl Schmitt que al acercarnos al
estudio o conocimiento de un régimen político debemos formular y contestar a la pregunta
¿Quién manda? El poder soberano viene solapado en tiempos de normalidad por una multitud
de instancias pero brilla con luz propia en tiempos de excepción. Entonces se hace visible el
soberano, que es quien dicta y decide sobre el estado de excepción. Soberano es quien decide
sobre el estado de excepción al señalar y distinguir entre el amigo y el enemigo políticos.
Cuando hablamos de enemistad aquí nos referimos al enemigo existencial, a aquel que con su
mera existencia amenaza la existencia del Estado y nuestra propia existencia.

Giménez Pérez, F. (2024). Notas acerca de El Político de Platón.

Revista MetábasisNº 17, p. 80.

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El concepto del Katechón otorga legitimidad al poder político

León III en 800 coronó en la basílica de San Pedro del Vaticano a Carlomagno como imperator romanorum semper augustus. Se trasladó así la dignidad imperial romana de Cosntantinopla, segunda Roma, a la católica Aquisgrán, tercera Roma. Tiene lugar una translatio imperii de los bizantinos a los francos. Renueva efectivamente un Imperio que no dejó virtualmente de existir. El nuevo Imperio Santo hereda el legado teológico político de los emperadores romanos pero además hereda la teología cristiana centrada en el Apocalipsis. El Emperador tiene una
responsabilidad escatológica. El Imperio no sólo es romano, es cristiano. En El nomos de la tierra, Carl Schmitt defendió la tesis de que el concepto decisivo que funda la continuidad del Imperio Romano es el de katechón, a fin de cuentas, dice Schmitt, todos los conceptos políticos son conceptos teológicos secularizados. El imperio este katechón se expresaba políticamente de acuerdo con una misión transhistórica que dotaba al imperio de una carga histórica y de una dimensión metapolítica.

Giménez Pérez, F. (2024). Notas sobre el concepto de Imperio.

Revista MetábasisNº 17, p. 67.

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