Muy pronto… El transgenerismo, una forma más de machismo

¿Qué ha ocurrido en la educación, empezando por la universidad y terminando por los institutos y escuelas de primaria? Que se ha adoptado una ficción después de haber engullido acríticamente la doctrina queer y haberla infiltrado en nuestros centros. Y digo doctrina porque la «teoría» queer» no se sostiene sobre ninguna evidencia material. Es más, niega las evidencias al decir que el sexo es una construcción cultural, cuando es una realidad biológica basada en un dimorfismo sexual, que comporta unos cromosomas, unos gametos, un fenotipo… distintos para mujeres y para hombres. La doctrina queer introduce el paradigma «género» como una forma de identidad, basada en sentimientos individuales que curiosamente coinciden con los estereotipos sexistas; exactamente lo contrario por lo que el movimiento feminista surgió y las feministas lucharon [Lienas, G., 2022, «Prólogo» a Carrasco Pons, S. (coord.), Hidalgo Urtiaga, Muñoz de Lacalle, A., Pibernat Vila, M. (2022). La coeducación secuestrada. Crítica feminista a la penetración de las ideas transgeneristas en la educación. Barcelona: Ediciones Octaedro, p. 15].

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En 2024… Percibimos relaciones, no hechos puros

Los estímulos más cercanos o los más similares, dice él, o los que, aunados, dan el mejor equilibrio al espectáculo, tienden, mediante la percepción, a unirse en la misma configuración. Pero este lenguaje es engañoso porque contrapone los estímulos objetivos, que pertenecen al mundo percibido e incluso al mundo segundo que la consciencia científica construye, a la consciencia perceptiva que la psicología ha de describir en conformidad con la experiencia directa. El pensamiento anfibio del psicólogo está siempre en peligro de introducir nuevamente en su descripción unas relaciones que pertenecen al mundo objetivo. Así ha podido creerse que la ley de contigüidad y la ley de semejanza de Wertheimer imponían la contigüidad y la semejanza objetivas de los asociacionistas como principios constitutivos de la percepción. En realidad, para la descripción pura —y la teoría de las Formas quiere ser una—, la contigüidad y la semejanza de los estímulos no son anteriores a la constitución del conjunto. La «buena forma» no se realiza porque sería buena en sí en un cielo metafísico, sino que es buena porque se realiza en nuestra experiencia. Las supuestas condiciones de la percepción sólo devienen anteriores a
la percepción cuando, en lugar de describir el fenómeno perceptivo como primera apertura cara al objeto, suponemos a su alrededor un contexto en el que estén ya inscritas todas las explicitaciones y verificaciones que obtendrá la percepción analítica, justificadas todas las norm as de la percepción efectiva —un lugar de la verdad, un mundo (Merleau Ponty, M., 1993, Fenomenología de la percepción. Barcelona: Planeta-Agostini, pp. 38-9).

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En Enero… El katechón, último resquicio para una concepción cristiana de la Historia

Quedan todavía otras posibilidades de una concepción cristiana de la Historia. Hay la doctrina del apóstol San Pablo sobre el hombre y la fuerza que reprime el poder del mal y del Anticristo, retardando así el comienzo de la catástrofe definitiva. Es la doctrina de lo que San Pablo llama con una palabra griega el «Kat-echon», es decir: lo que siglos enteros de la Historia medieval cristiana y de su idea del Imperio se basan en la convicción de que el Imperio de un príncipe cristiano tiene el sentido de ser precisamente un tal «Kat-echon». Magnos emperadores medievales, como Otón el Grande y Federico Barbarroja, vieron la esencia histórica de su dignidad imperial en que, en su calidad de «Kat-echón», luchaban contra el Anticristo y sus aliados, y aplazaban así el fin de los tiempos. (Schmitt, C., 1956, La unidad del mundo, Madrid: Ateneo, 34-5).

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En Enero… Los tres géneros de relación en Aristóteles

Relativo [pros ti, ad aliquid] se dice, de unas cosas, como lo doble en orden a la mitad y lo triple en orden a la tercera parte , y en general el múltiplo en orden al submúltiplo, y lo que excede en orden a lo excedido; de otras, como lo que puede calentar en orden a lo que puede ser calentado, y lo cortante en orden a lo cortable, y, en una palabra, lo activo en orden a lo pasivo; de otras, como lo medible en orden a la medida, y lo escible en orden a la ciencia, y lo sensible en orden a la sensación. Las relaciones de la primera clase se dicen según un número, o simplemente o de un modo determinado, en orden a ellos o en orden a uno (por ejemplo lo doble es, en relación a uno, un número determinado, y el múltiplo está en relación numérica con uno, pero no determinada, como ésta o ésta. Y lo sesquiáltero está en orden a lo subsesquiáltero en relación numérica determinada, pero lo superparcial en orden a lo subsuperparcial está en relación indeterminada, como el múltiplo en orden a uno. Y lo que excede en orden a lo excedido es totalmente indeterminado según un número; el número, en efecto, es conmensurable, y de lo no conmensurable no se dice un número, y lo que excede en orden a lo excedido es tanto como lo excedido y todavía más, pero esto es indeterminado; pues es de cualquier modo, o igual o no igual a lo excedido). Así, pues, todas estas relaciones se dicen según un número y son afecciones de un número. Y también lo igual y semejante y lo idéntico, de distinto modo (todos, en efecto, se dicen según el Uno, pues son idénticas aquellas cosas cuya substancia es una, y semejantes, aquellas cuya cualidad es una, e iguales, aquellas cuya cantidad es una: y el Uno es principio y medida del número, de suerte que todas éstas se dicen relaciones según un número, pero no del mismo modo). Y las relaciones activas y las pasivas se dicen relaciones según la potencia activa y pasiva y los actos de las potencias; por ejemplo, lo que puede calentar es relativo a lo que puede ser calentado porque puede, y a su vez lo que calienta es relativo a lo que es calentado, y lo que corta, relativo a lo que es cortado, como actuantes. Pero de las cosas relativas numéricamente no hay actos, a no ser del modo que se ha dicho en otro lugar; y los actos según un movimiento no se dan en ellas. Pero algunas cosas relativas según una potencia se dicen también relativas según tiempos particulares, por ejemplo lo que ha hecho en relación a lo que ha sido hecho, y lo que hará en relación a lo que será hecho. Así, en efecto, el padre se dice padre del hijo; pues el uno ha hecho algo y el otro ha recibido la acción. Además, algunas cosas son relativas por privación de potencia, como lo imposible y cuantas cosas se dicen así, por ejemplo lo invisible.

Así, pues, las cosas que se dicen relativas según número y potencia, todas son relativas porque lo que ellas son se expresa por lo que es de otro, y no porque otra cosa sea relativa a ellas. Pero lo mensurable y lo escible y lo pensable se dicen relativos porque otra cosa se dice relativa a ellos. Lo pensable, en efecto, significa que hay pensamiento de ello; pero el pensamiento no es relativo a aquello de lo que es pensamiento (pues se habría dicho dos veces lo mismo), y, de modo semejante, la visión es visión de algo, no de aquello de lo que es visión (aunque sea verdadero decir esto), sino relativa al color o relativa a alguna otra cosa semejante (Aristóteles, Metafísica. Madrid: Editorial Gredos, V, 1020b 15-1021b 5).

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En Enero… El ser humano, animal relacional y simbólico

No sería correcto decir que el mero darse cuenta de relaciones presupone un acto intelectual, un acto de pensamiento lógico o abstracto. Semejante percatamiento es necesario hasta en los actos elementales de percepción. La teoría sensualista solía describir la percepción como un mosaico de simples datos sensibles. Los pensadores de esta escuela no veían el hecho de que la sensación misma no es en modo alguno un mero agregado o haz de impresiones aisladas. La moderna psicología de la Gestalt ha rectificado esta idea. Ha mostrado cómo el proceso perceptivo más simple implica elementos estructurales fundamentales, ciertas pautas o configuraciones. El principio se aplica tanto al mundo humano como al animal. Se ha demostrado experimentalmente la presencia de estos elementos estructurales —especialmente estructuras espaciales y ópticas— en etapas relativamente inferiores de la vida animal. Por lo tanto, el mero percatarse de las relaciones no puede ser considerado como un rasgo específico de la conciencia humana. Sin embargo, encontramos en el hombre un tipo especial de pensamiento relacional que no encuentra paralelo en el mundo animal. En el hombre se ha desarrollado una capacidad para aislar relaciones, para considerarlas en su sentido abstracto. Para captar este sentido no depende ya de datos sensibles concretos, de datos visuales, auditivos, táctiles, kinestésicos; considera estas relaciones «en sí mismas», αυτο καθ αυτο, como dice Platón. La geometría representa el ejemplo clásico de este viraje en la vida intelectual del hombre. En la geometría elemental no nos hallamos vinculados a la aprehensión de figuras singulares concretas; no nos ocupamos de cosas físicas o de objetos perceptivos, pues estudiamos relaciones espaciales universales para cuya expresión disponemos de un simbolismo adecuado. Sin el paso preliminar del lenguaje humano no hubiese sido posible esta conquista. En todas las pruebas que se han hecho acerca de los procesos de abstracción o generalización en los animales este punto ha resultado evidente. Koehler pudo mostrar la capacidad de los chimpancés para responder a la relación entre dos o más objetos en lugar de a un
objeto particular (Cassirer, E., 1967, Antropología filosófica. México: FCE, p. 37).

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En Enero… Las relaciones son entes de razón

De acuerdo con este principio, se enseña que las relaciones que se dicen positivas no son distintas de las absolutas, en general, no hay ninguna relación, porque Dios puede producir y conservar sin su intervención todas las cosas de las cuales una no es parte esencial de Ia otra, etc, Pero no puede producir dos absolutas sin relación. Luego Ia relación no es cosa distinta de ellas.
De acuerdo con esto, se enseña que las siguientes proposiciones son falsas: la paternidad est.á en el padre, la filiación en el hijo y otras similares. Pero en cambio éstas son verdaderas: la paternidad es el padre, la filiación es el hijo o la paternidad es un término que indica al padre directamente y al hijo indirectamente, pero la filiación es un término que indica lo contrario. Igualmente, la semejanza es el mismo símil o el término que indica al mismo símil directamente y a su consímil indirectamente y así de otros. En cuanto a cuál es la más verdadera, esto es, la paternidad es el padre o la paternidad es el término, etc., depende de la voluntad de los que hablan. Sin embargo, Aristóleles en los predicámentos parece usar ad aliquid en el segundo modo, esto es, en lugar del término.

De acuerdo con esto, de por sí las especies y los individuos de aquel género son únicamente términos y de acuerdo con esto tendría que negarse la siguiente proposición: Sócrates es una relación. Y así se argumenta que Ia paternidad es una relación: Sócrates es paternidad, Iuego Sócrates es una relación. No tiene valor porque en el primer caso la paternidad se supone materialmente porque este término paternidad es una relación, en el segundo caso, persona, cuando se dice que Sócrates es paternidad. Luego acudiendo a la relación, como Aristóteles la usa en los predicamentos, todos los nombres que no pueden verificarse de algo sino expresando o sobreentendiendo otro nombre, están en el predicamento de la relación (Ockham, G., 1972, Tratado sobre los principios de la Teología, Buenos Aires: Editorial Aguilar, pp. 78-9).

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En Enero… Kant confundió la relacion con la sustancia y la acción recíproca

Todas las substancias, en cuanto pueden ser percibidas en el espacio como simultáneas, están en universal acción recíproca.

Simultáneas son las cosas cuando, en la intuición empírica, la percepción de la una puede seguir a la percepción de la otra y viceversa (cosa que en la sucesión de los fenómenos, como se demostró en el segundo principio, no puede ocurrir). Así puedo colocar mi percepción primero en la luna y luego en la tierra o, también al revés, primero en la tierra y luego en la luna; y digo que esos objetos existen simultáneamente, porque sus percepciones pueden seguirse la una a la otra y recíprocamente la otra a la una. Ahora bien, la simultaneidad es la existencia de lo múltiple en el mismo tiempo. Pero no podemos percibir el tiempo mismo, para inferir que estando algunas cosas puestas en un mismo tiempo, las percepciones de esas cosas pueden seguirse unas a otras en cualquier orden. La síntesis de la imaginación en la aprehensión daría cada una de esas percepciones como una percepción que se halla en el sujeto, cuando la otra no está, y viceversa, pero no que los objetos sean simultáneos, es decir que cuando el uno está el otro también está en el mismo tiempo, y que esto sea necesario para que las percepciones puedan seguirse unas a otras en cualquier orden. Por consiguiente, se exige un concepto del entendimiento, referente a la sucesión reversible de las determinaciones de estas cosas, existentes a la vez, unas fuera de otras, para decir que la sucesión reversible de las percepciones está fundada en el objeto y para representar así como objetiva la simultaneidad. La relación de las substancias, empero, en la cual una de ellas recibe determinaciones, cuyo fundamento está contenido en las otras, es la relación de influjo; y si esta relación es a su vez, en sentido recíproco, el fundamento de determinaciones en las otras substancias, entonces es de comunidad o acción recíproca. Así pues la simultaneidad de las substancias en el espacio no puede ser conocida en la experiencia si no es bajo la suposición de una acción recíproca de las mismas; ésta es también la condición de la posibilidad de las cosas mismas, como objetos de la experiencia .

Las cosas son simultáneas, cuando existen en uno y el mismo tiempo. Mas ¿cuándo se conoce que están en uno y el mismo tiempo? Se conoce, cuando el orden, en la síntesis de la aprehensión de ese múltiple, es indiferente; es decir, cuando se puede ir de A a E, pasando por B, C, D, o también al revés de E a A. Pues si fueran sucesivas en el tiempo (en el orden que comienza en A y termina en E), sería imposible comenzar la aprehensión en la apercepción de E y progresar retrocediendo hasta A, pues A pertenece a un tiempo pasado y no puede ya ser objeto alguno de la aprehensión.

Admitid empero que, en una multiplicidad de substancias, como fenómenos, estuviera cada una de ellas totalmente aislada, es decir, que ninguna tuviera acción sobre las otras, ni recibiera recíprocamente influjos de éstas; yo digo entonces que la simultaneidad de esas substancias no sería objeto de percepción posible y que la existencia de una de ellas no podría conducir a la existencia de las otras por ningún camino de la síntesis empírica. Pues si os figuráis que estas substancias están separadas por un espacio totalmente vacío, entonces la percepción, que progresa en el tiempo de una a otra, determinaría ciertamente a esta segunda su existencia, mediante una percepción subsiguiente, pero no podría distinguir si el fenómeno sigue objetivamente a la primera o si es simultáneo con ella.

Así pues, además del mero existir, debe haber algo por lo cual A determina el lugar en el tiempo de B y viceversa B de A; pues sólo con esa condición pueden las referidas substancias ser representadas empíricamente como simultáneamente existentes. Ahora bien, para que una cosa determine el lugar de otra en el tiempo ha de ser causa de ella o de sus determinaciones. Así toda substancia (ya que sólo respecto de sus determinaciones puede ser consecuencia) debe contener en sí la causalidad de ciertas determinaciones en las otras y al mismo tiempo los efectos de la causalidad de las otras, es decir: las substancias deben estar en comunidad dinámica (inmediata o mediatamente), si la simultaneidad ha de ser conocida en alguna experiencia posible. Ahora bien, necesario es todo aquello referente a los objetos de la experiencia, sin lo cual la experiencia de dichos objetos sería imposible. Así pues, a todas las substancias, en el fenómeno, por cuanto son simultáneas, les es necesario estar en universal comunidad de acción recíproca.

La palabra comunidad es equívoca en la lengua alemana y puede significar tanto communio como también commercium. Nosotros la usamos aquí en este último sentido, como comunidad dinámica, sin la cual la misma comunidad local (communio spatii) no podría nunca ser conocida empíricamente. Es fácil advertir, en nuestras experiencias, que sólo los influjos continuos en todas las partes del espacio pueden dirigir nuestro sentido de un objeto a otro; que la luz que juega entre nuestros ojos y los cuerpos del universo efectúa una comunidad mediata entre nosotros y esos cuerpos y así demuestra la simultaneidad de estos últimos; que no podemos empíricamente variar de lugar (percibir esta variación) sin que por todas partes la materia nos haga posible la percepción de nuestro sitio, y esta materia, sólo por medio de su influjo recíproco, puede mostrar (aunque solo mediatamente) su simultaneidad y por ende la coexistencia hasta de los más lejanos objetos. Sin comunidad, toda percepción (del fenómeno en el espacio) quedaría separada de las demás y la cadena de las representaciones empíricas, es decir, la experiencia, empezaría de nuevo en cada nuevo objeto, sin que pudiera la experiencia anterior estar con ella en la más mínima conexión o en relación alguna de tiempo. No me propongo con esto refutar el espacio vacío; pues este puede existir allá donde no alcanzan las percepciones y donde no se encuentra por tanto conocimiento empírico alguno de la simultaneidad; pero entonces no es objeto de nuestra experiencia posible.

Para aclarar lo dicho añadamos lo siguiente. En nuestro espíritu todos los fenómenos, como inclusos en una experiencia posible, deben estar en comunidad (communio) de apercepción, y por cuanto los objetos deben ser representados como enlazados en existencia simultánea, deben determinar su lugar en un tiempo recíprocamente y por tanto constituir un todo. Si esta comunidad subjetiva ha de descansar en un fundamento objetivo, o referirse a fenómenos considerados como substancias, deberá la percepción de uno, como fundamento, hacer posible la percepción del otro, y viceversa, para que la sucesión, que se da siempre en las percepciones consideradas como aprehensiones, no sea aplicada a los objetos, sino que éstos puedan ser representados como existentes simultáneamente. Esto empero es un influjo recíproco, es decir, una comunidad real (commercium) de las substancias, sin la cual la relación empírica de simultaneidad no podría tener lugar en la experiencia. Mediante ese comercio constituyen los fenómenos, por cuanto están enlazados entre sí, aunque exteriores unos a otros, un compuesto (compositum reale) y estos compuestos son posibles de varias maneras. Las tres relaciones dinámicas de donde proceden todas las demás son, por tanto, la de inherencia, la de consecuencia y la de composición (Kant, I., 1998, Crítica de la Razón Pura, B257-B262).

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En Enero… La banalidad de las relaciones actuales

En efecto, el guión no parece simbolizar aquí simplemente la relación de «pareja de hecho» entre individuos (es decir, entre átomos, si nos atenemos a la traducción de Boecio) heterosexuales o bien homosexuales, porque precisamente en la «relación de pareja» la singularidad de los términos se desdibuja. Cuando alguien dice: «Me fui de fin de semana con mi pareja», o «vivo con mi pareja», es porque considera irrelevante el nombre propio de esa pareja, incluso en el caso de que los lazos afectivos con ella sean muy fuertes; el guión parece simbolizar, por de pronto, un enlace matrimonial heterosexual, en el que los términos figuran con nombres propios (entre otras cosas porque se supone que han firmado capitulaciones).

Estos son enlaces que desde hace ya más de un siglo (por lo menos, desde las Afinidades Electivas de Goethe) se han comparado con los que tienen lugar entre ciertos elementos químicos; en nuestros días se dice con frecuencia que hay «química» entre determinadas personas. Si pudiéramos precisar algo más, añadiríamos que se trata de enlaces covalentes, pero no en el sentido que mantienen dos átomos de hidrógeno en la molécula estable de H2, sino en el sentido del «enlace covalente con carácter iónico» existente entre los átomos de hidrógeno y de cloro que forman la molécula del ácido clorhídrico, HCl, enlace que, según dicen los científicos, no es estrictamente covalente ni tampoco iónico puro. (Bueno, G., 2009, «Enlaces covalentes». El Catoblepas, Nº 90, p. 2.

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En Enero… Número 17 de Revista Metábasis

Revista Metábasis

Número 17

Año 2024

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Próximamente… La misión del Katechón en la Edad Media

Contrario al rey alemán, otros reyes cristianos, sobre todo el de Francia que ostentaba el título de Rey Cristianísimo, trataron de ocupar, sin éxito decisivo, el lugar del imperio atribuyéndose
el mando en la cruzada. Sería absurdo calificar esto de antiimperio, pues no hay derechos adquiridos en cuanto a la misión del Kat-echón. Los reyes españoles se titulan lmperator, también en relación con una guerra santa contra el Islam, el enemigo de la cristiandad. No es posible interpretar todo ello ni con ideas antihistóricas «liberadas de Roma», ni con concepciones modernas, o sea centralistas y positivistas, relativas al Estado de fines del siglo XIX, Para las civitates superiorem non recognoscentes, el rey alemán continuó siendo como emperador —aunque prácticamente sólo como efecto ulterior de su posición de rey de Italia— hasta principios del siglo XIV el pacificador, el conciliador y el combatidor de tiranos. Aún cuando la potestas imperial se había convertido en la realidad en un mero nombre sin poder, la
ordenación general amplia del Derecho de Gentes europeo medieval continuaba existiendo mientras la auctoritas del Papa era suficiente para encargar misiones y ordenar cruzadas y para
conceder nuevos territorios para el ejercicio de la actividad misionera. Mientras se prolongaba esta situación, la división fundamental a raíz de la ordenación del espadón, la distinción entre el suelo de soberanos y pueblos cristianos y el de países no cristianos, la consiguiente acotación de las guerras, o sea la distinción entre varias clases de guerra, y con ello el orden concreto entre los pueblos, aún seguían conteniendo una porción de realidad histórica.

(Schmitt, C., 2003, El nomos de la tierra. Buenos Aires: Editorial Struhart & Cía, p. 47).

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