La «imperiofobia» como concepto oscuro y confuso

Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negraLa imperiofobia es una forma de racismo que no se basa en la diferencia de color o en la religión, pero se apoya en ambas. El racismo tradicionalmente afirma que la etnia que tiene tal o cual color o religión es inferior a otra. Lo peculiar del prejuicio racista es ir al genus, a la estirpe. Un individuo que ha nacido en el seno de un grupo determinado es calificado a priori de una manera negativa. No importa lo que haga o diga, pues todo vendrá a abundar en la idea previa que de él se tenía. Antes de su nacimiento ya está condenado. Las atroces consecuencias que el racismo llamado «científico» trajo al mundo, llevaron a que fuera denunciado insistentemente después de la Segunda Guerra Mundial. El Imperio Nuevo, el estadounidense, ha hecho de la lucha contra toda forma de discriminación racial, también en su interior, una de sus banderas. El rechazo al negro o al judío, por el hecho de serlo, fue tan reiteradamente criticado y condenado que hoy nadie en su sano juicio puede decir en voz alta una frase racista, y si lo hace, caerá sobre él la mayor condena moral y social, e incluso incurrirá en un delito penado por la ley. Otra cosa es que el antisemitismo o los prejuicios contra la gente de piel oscura hayan desaparecido. Existen y seguirán existiendo. El prejuicio es funcional en una sociedad y esto garantiza su capacidad para perdurar.
No hay, en esencia, diferencia apreciable entre la imperiofobia y el antisemitismo o cualquier otra forma de racismo. El romano, el ruso, el estadounidense, el español son necesariamente malos porque han nacido en el seno de un grupo humano que es perverso por sí mismo y todo cuanto de ellos emane será malvado. No obstante, dos notas particularizan el racismo contra los pueblos imperiales. Habitualmente el racismo en Occidente va contra grupos étnicos minoritarios, pobres o marcados por alguna diferencia que los convierte en periféricos, pero un pueblo imperial en modo alguno ocupa una posición excéntrica en un continente y el racismo contra ellos no nace de su debilidad ni para justificar el abuso que se hace de ese pueblo considerado inferior, sino justamente de lo contrario: de su eminencia. En realidad, son dos caras de la misma moneda: el rechazo de la diferencia, por arriba o por abajo. Por un lado está el grupo que se siente superior frente a otro más débil. Esto es muy fácil. ¿Qué dificultad hay en verse superior cuando se pertenece al grupo más poderoso? La forma en que este racismo se manifiesta ya sabemos cómo es. La otra cara de la moneda es el racismo que desarrollan los pueblos que ocupan una posición subalterna con respecto al pueblo que desencadena un proceso imperial y lo sostiene. Molesta sobremanera saberse en la segunda división de la historia y, en cierto modo, subsidiarios y dependientes. Este complejo de inferioridad es el que busca su alivio en la imperiofobia. Hay que disminuir la talla del pueblo imperial, y como no es posible agarrarse a las condiciones materiales de su existencia, es necesario demostrar que son espiritualmente inferiores. El racismo tiene siempre una connotación de inferioridad moral e intelectual. Los griegos ya encontraban a los romanos poco dotados intelectualmente, y la misma opinión tuvieron los italianos de los españoles, y los polacos y los checos de los rusos. Ahora mismo, una parte grande de la humanidad, sobre todo europea, está convencida de que los estadounidenses, además de medio tontos, son unos ignorantes.
El desarrollo de este complejo de inferioridad que se proyecta en la imperiofobia no se produce en cualesquiera circunstancias. El imperio en auge tiene que colisionar en su expansión física o cultural con un grupo que posea al menos dos características: una oligarquía poderosa y una clase intelectual de cierta solidez. Ni los calmucos ni los dakota ni los yanomami estaban en condiciones de desarrollar una leyenda negra contra los mongoles, los estadounidenses o los españoles, respectivamente. Dicho en otros términos: la imperiofobia la crea una élite intelectual, que es la que le da forma y prestigio.

Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra:

Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 119-21.

revistametabasis.com

ISSN 2605-3489

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