El Rubius y la vacuidad de la socialdemocracia

El anuncio del youtuber El Rubius, a propósito de su cambio de residencia para pagar menos al fisco, ha dejado en evidencia la vacuidad y obsolescencia de muchos de los principios de la socialdemocracia española, encarnada por el PSOE y Podemos

Afirmaba Marx en su famosa Crítica del Programa de Gotha de 1875, que las pretensiones de la naciente socialdemocracia alemana, de la que tanto él como Engels se desmarcarían, pretendía la redistribución de la riqueza, como si en el capitalismo ello fuera posible e incluso necesario: al fin y al cabo, afirmaba Marx, no sólo debía otorgarse a la gente según sus capacidades, sino también según sus propias necesidades. En el fondo, para Marx el estado burgués decimonónico no era ninguna plataforma para defender a los trabajadores, sino precisamente un comité de administración de los asuntos de la burguesía. Alcanzar el poder del estado burgués para dirigir la economía, como haría la socialdemocracia alemana o el socialismo fabiano, sería algo denostado por Marx en los Manuscritos de 1844: sostener que el estado deba controlar la economía o poner parches a las desigualdades producto del capitalismo era solamente perpetuar la agonía que precede al comunismo final, a la sociedad sin clases.

Rescatamos este ejemplo histórico a propósito del reciente anuncio del famoso youtuber El Rubius, que hace unos días anunció su traslado a Andorra, tras pasar una década abonando el Impuesto de las Renta de las Personas Físicas (IRPF) que le correspondía a su tramo de renta. Al darse cuenta que la generalidad de quienes ostentan tales ingresos optan por situar su residencia fiscal en otros lugares más favorables (que no «paraísos fiscales»), como el citado Principado, Rubén Doblas decidió anunciar que seguirá produciendo contenido para sus millones de seguidores desde el mismo lugar que lo hacen los miembros de Itarte Vlogs y similares.

Dejando al margen el cinismo de quienes han abanderado la importancia de pagar cuantos más impuestos mejor (gente que suele destacar por su escasa honestidad con el fisco o la Seguridad Social), lo que ha permitido el caso de El Rubius es comprobar la escasa consistencia de los argumentos sobre el «patriotismo fiscal» o la necesidad de defender «lo público», como si estuviera amenazado por algún tipo de monopolio privado. Afirmar que por culpa de los youtubers que cambian de residencia fiscal no dispondremos de sanidad o educación públicas no pasa de un acto de vulgar demagogia: si revisamos el reparto del gasto público, veremos que a la sanidad le corresponde una cantidad casi idéntica a lo que se emplea en pagar los intereses de la deuda contraída por España ante los mercados internacionales. Poco más o menos igual en el caso de la educación. Incluso, según cifras oficiales, todo lo recaudado a través del IRPF en 2019 se dilapidó en cubrir las nóminas públicas, desde el más modesto funcionario hasta el culmen de la administración, esto es, el Presidente del Gobierno. No todo el gasto público, por lo tanto, se destina a sanidad y educación, sino más bien una parte proporcionalmente muy pequeña.

Es bien sabido que cualquier español paga en cualquier actividad económica sus correspondientes impuestos, ya sea el IVA, el impuesto de actividades económicas o los peajes de las autopistas. Esos son los verdaderos impuestos democráticos, los indirectos, los que hay que pagar tengas la renta que tengas. El IRPF, reconocido en la Constitución Española de 1978 como «impuesto progresivo», no es ni un impuesto indirecto ni un impuesto de lujo, gravable sobre los más ricos: es un impuesto similar al diezmo medieval, aquel que los señores feudales gravaban a sus súbditos con la entrega del diez por ciento de su patrimonio. En este caso, el IRPF establece unos tramos a partir de los cuales o bien la declaración de la renta resulta a devolver o a pagar un porcentaje.

De hecho, no conviene olvidar que la insumisión fiscal, esto es, el evitar pagar impuestos ya sea por vía legal o simplemente negándose a pagar unos tributos confiscatorios, es un verdadero poder ascendente, desde las clases populares hasta la clase política, que ha tenido amplia influencia en muchas situaciones históricas. Recordemos el famoso «motín del té» de Boston, que dio pie a la revolución americana que conformó los Estados Unidos del Norte de América, la famosa «guerra del opio» entre Inglaterra y China en el siglo XIX, o la «resistencia pasiva» promulgada por Mahatma Gandhi para lograr la independencia de la India respeto a los británicos, que incluyó importantes dosis de insumisión fiscal. Tampoco conviene olvidar que el PSOE, actualmente en el Gobierno de España en coalición con una versión suya más adaptada a los tiempos, Unidas Podemos, hizo suyo el lema de «defensa de lo público» en la década de 1980… cuando aún había empresas públicas poderosas, capaces de movilizar a miles de trabajadores en grandes obras, y cuando las grandes empresas aún no habían conocido las maravillas de la globalización económica, la misma que anima al capitalismo productor de bienes y servicios a buscar horizontes menos gravosos en lo salarial y lo contributivo, sin Tasas Tobin ni otros obstáculos. En ese aspecto, mucha razón tenía Marx al criticar a la socialdemocracia naciente, cuando señalaba que los capitalistas tenían su patria, mas el capital no era patriótico sino que buscaba lo más favorable para su beneficio. La socialdemocracia, o lo que queda de ella en España, ajena a las transformaciones nórdicas que reconocen el despido libre y las bajadas de impuestos, se sitúa cada vez más fuera de época.

Por lo tanto, el IRPF, pese a toda la propaganda que afirma que sirve para la redistribución de la riqueza, lo único que consigue es perpetuar las desigualdades económicas: la base que se aplica sobre dicho impuesto se grava en virtud de la desigual capacidad económica de cada ciudadano. Seguramente, quienes defienden la obligatoriedad, cuando no patriotismo, en el acto de pagar cuantos más impuestos mejor, en realidad están viéndole las orejas al lobo y temen que El Rubius abra los ojos a muchos españoles, que sumisamente han asumido un «esfuerzo fiscal» que cada vez deja menos márgenes a unos salarios muy empobrecidos y una aglomeración de instituciones públicas de diversa ralea y pelaje (nacionales, autonómicas, locales), cuya creciente voracidad amenaza con colapsar el sistema. En suma, el fracaso y la vacuidad de una socialdemocracia totalmente desfasada e incapaz de responder a los problemas de España.

Rodríguez Pardo, J.M. (15 de Febrero de 2021). El Rubius y la vacuidad de la socialdemocracia

El Confidencial Digital.

revistametabasis.com

ISSN 2605-3489

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