Hace seis años que falta Gustavo Bueno y cada vez irradia más

Ayer se cumplieron seis años del fallecimiento de Gustavo Bueno. Cuando me dispongo a escribir sobre él en una fecha triste como ésta, resulta que acude a mi memoria el sentido del humor que Bueno tenía. Y la única dificultad con la que me encuentro es resumir las muchas facetas en las que Bueno mostraba su fuerza irónica y humorística.

Este filósofo español sobresalía en lo Baltasar Gracián llamaba «tener buenos repentes», que los anglosajones denominan ‘wisecracks’. Una muestra de cómo se las gastaba Bueno al opinar sobre un manifiesto: «cien individuos que, por separado, pueden formar un conjunto distributivo de cien sabios, cuando se reúnen para hacer un manifiesto como el que comentamos, constituyen un conjunto atributivo formado por un único idiota».

Un historiador quiso hacer filosofía de la Historia de España y la definió como ‘nación de naciones’, después de un trabajo muy superficial en un libro de la Real Academia de la Historia. Bueno dijo  que eso era como hablar de «círculo de círculos, que equivale a cero».

Además de los buenos repentes, Bueno sabía ilustrar sus citas filosofar con lo que también Gracián denominaba ‘gracia de las gentes’: «Hay una diferente naturaleza o estructura de aquello que suele considerarse ironía (si siguen ustedes dando limosnas en tal abundancia acabarán con los pobres y, por tanto, harán imposible la caridad) y de lo que suele considerarse humor (un explorador blanco está siendo cocido en una gran olla por dos nativos africanos negros; tiene un pañuelo que rodea su boca y el jefe pregunta la razón de esa mordaza: «es para evitar que se coma las patatas)».

O esta otra: «Dos damas inglesas, de la era victoriana, están comentando las noticias de actualidad y una le dice a su amiga: ‘¿Sabe lo que dice el Doctor Darwin? Que provenimos del mono’. Y la amiga le responde: ‘Sí, pero que no se entere la servidumbre».

Tenía una teoría propia sobre el humor. Además, era capaz de interpretar los ‘ingenios’ de Mingote, que son miles, desde su Teoría del espacio antropológico, formada por tres ejes. El eje circular, el radial y el angular.  Y con esta teoría también es posible interpretar los libros que autores muy importantes han escrito sobre los españoles. Según la importancia que da a cada eje, así es su visión de España.

Bueno se reía de los tratamientos «existenciales»; porque estos análisis fácilmente nos llevan a la imposibilidad de decir nada específico, quedándose en generalidades: «la soledad del hombre», «la estupidez de la gente», etc.. Por mi parte añado que conviene estudiar muchos titulares periodísticos desde la filosofía de Bueno. Los titulares facilitan mucho el nivel de tontería de quienes los enuncian.

A ver si alguien de entre la multitud de quienes están familiarizados con la filosofía de Bueno se proponen estudiar el asunto de los titulares. Sobre todo, un manantial de bobadas lo constituyen las frases que un entrevistador resalta de lo que le ha dicho el entrevistado. También, las muchas opiniones que no son más que cotilleos. Admito apuestas a que el libro tendría un gran éxito.

Bueno leía lo que escribían los demás, dada su pasión intelectual, y muchos no leían lo que escribía él. Eso le daba una gran ventaja porque como tenía un sistema filosófico sólido, podía reírse de las insensateces de quienes posaban como pensadores, intelectuales o científicos.

Se daba cuenta de que no pocos historiadores, politólogos, sociólogos, legistas, pedagogos… pasaban por alto las exigencias de una teoría sólida de la ciencia: No sabían definir ni clasificar ni ofrecer modelos ni demostrar.

Con las personas que eran sencillas, Bueno sen ofrecía a responder a las preguntas que le hacían. Se parecía al escritor Raymond Chandler quien escribió varia novelas que tuvieron gran éxito y que diferentes directores llevaron al cine; Truman Capote decía de Chandler que era un artista absoluto. Y sin embargo, Chandler estaba dispuesto a dedicar el tiempo que fuera necesario a responder cartas que recibía de personas enteramente desconocidas, pero que a él le parecían inteligentes.

¿Y qué hacía Bueno con quienes no eran sencillos? Pues lo mismo que Groucho Marx, que sobresalía por sus buenos repentes: «cuando veo a un tipo pomposo con un alto sombrero de copa, que está hinchado con su propia importancia y que se burla de la gente cuando pasa, hago exactamente lo que al resto del mundo le gustaría hacer: Le lanzo un tomate maduro  a su sombrero».

Más allá del ámbito académico

Quienes pensaban que Bueno debía limitarse a repetir lo que los filósofos habían dicho a través de la historia, estaban equivocados. Él elaboró una teoría de la política y un cuadro de poderes y de contradicciones que ha resistido el paso del tiempo. Con las categorías de Bueno resulta muy fácil y agradable estudiar las series Sí, Ministro y Sí, Primer Ministro de autores tan inteligentes y con gran sentido del humor como Anthony Jay y Jonathan Lynn. Y ya hay varias Tesis Doctorales dedicadas a estudiar series de televisión sobre la vida política desde la filosofía de Bueno.

También dedicó un libro a la televisión, en el que desarrolló su teoría de las apariencias y de la verdad. No se olvidó Bueno de resaltar en ese libro el delirio gremial de algunas profesiones, empeñadas en ‘elevar’ la vida de los ciudadanos a la forma de ver la realidad de esas profesiones.

El delirio gremial médico fue descrito por Jules Romain en su Knock o el triunfo de la medicina (1923). El doctor Knock, en efecto, pretendió «elevar a la existencia médica» a todo el mundo, comenzando por el mundo constituido por los vecinos de su villa. Lo que hacía el Dr. Knock fue llevado al cine dos veces: En 1952 (la comedia titulada Dr. Knock  y  en 2017 (El Doctor de la felicidad).

Según Bueno, síntomas alarmantes de «delirio gremia» por parte de los legistas (sobre todo cuando adquieren la condición de jueces) los encontramos en algunos teóricos o prácticos del Estado de derecho; porque ahora los legistas parecen proponerse como objetivo supremo la transformación de toda la vida social y humana en «vida jurídica», la judicialización de la totalidad de las relaciones humanas, tanto las relaciones ad intra (familiares, empresariales, políticas) como las relaciones ad extra («derechos de los animales», «derechos del medio ambiente»).

Lo que ya no podemos presenciar es cómo Bueno contaba las cosas. Sí, podemos ver muchos videos suyos, pero constituyen una pequeña muestra de lo que presenciábamos hablando con él. La gracia estaba en el contenido, sí, pero él era un gran actor, un virtuoso de la voz y del lenguaje corporal. Antes de que acabase de contar, ya nos estábamos riendo. Sí, la gran vitalidad de Bueno y su saber sin orillas siguen irradiando.

(Valbuena de la Fuente, F., 07 de agosto de 2022, Hace seis años que falta Gustavo Bueno y cada vez irradia más, El Cierre Digital)

revistametabasis.com

ISSN 2605-3489

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