En el Número 8… la filosofía como totalización trascendental

El análisis reductivo, propio de las ciencias particulares, es un proceso en virtud del cual los problemas científicos se resuelven en preguntas por las partes (causas, elementos) dentro de una categoría o marco presupuesto. Buscamos “reducir” los materiales a sus elementos, dentro
de una categoría, para después poder reconstituirlos, dentro de esa misma categoría, que se supone ya dada a la conciencia. Ejemplo: «¿Cuánto tardará un caracol, que camina durante doce horas diarias, a razón de 2 cm. por hora, y retrocede por la noche 1 cm, en salir de un pozo de 8 m?» Aquí el análisis consiste en descomponer el todo —trayectoria del caracol— en sus partes —trayectorias avanzadas y perdidas por hora— y totalizarlas, dentro de esa categoría. Pero ¿y cuando la categoría
misma es la que se pone en tela de juicio, al enfrentarla con otras categorías? Ejemplo: «¿Cuánto tardará Aquiles en alcanzar a la tortuga, que le lleva un metro de ventaja, caminando Aquiles a una velocidad doble que la de la tortuga?” Sin duda, puede reducirse la aporía de Zenón a los términos de un problema de cálculo, […] pero esta reducción elimina lo característico de la aporía del filósofo griego, que pone en tela de juicio la categoría. La solución matemática supone precisamente dada D, pero Zenón nos obliga a preguntar: ¿cómo puede darse, si el espacio consta de partes infinitas en número? En suma, un problema filosófico aparece en el momento en que, en el análisis de un objeto, encontramos no sólo los elementos que lo componen dentro de una categoría, sino elementos que lo destruyen; es decir, elementos que destruyen la propia conciencia racional. Esta se declara insolidaria con semejantes situaciones, pese a que están dadas a la conciencia y, por tanto, la constituyen. Por esto, la forma más general del análisis filosófico —y, por tanto, del “asombro” filosófico— podría ser ésta: eliminar mentalmente un objeto o conexión que, sin embargo, parece vinculado a la conciencia. Contemplarlo como sosteniéndose en un vacío, como pudiendo ser de otro
modo, según otras combinaciones. Esta sería la forma del problema filosófico, a la cual, en términos psicológicos, habría llamado Descartes la “duda metódica”. El verdadero “asombro” filosófico estará estimulado, según esto, no ante cualquier objeto o relación, sino ante las contradicciones, las aporías, las paradojas.

Bueno, G. (1970). El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Barcelona, Ciencia Nueva, 144-5.

revistametabasis.com

ISSN 2605-3489

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