Así, la Quinta Oleada, iniciada en 2016 y aún en formación, que culminará en el año 2025, comienza con el hito fundamental del fallecimiento de Gustavo Bueno el 7 de Agosto de ese año, y ello marca decisivamente la suerte del sistema filosófico que él acuñó. Con un sistema cada vez más ensimismado, viviendo de una fama aparente que reportan los innumerables contenidos audiovisuales que se presentan al ancho mundo, pero donde la crítica y la polémica han virtualmente desaparecido, con su «obrero máximo» fallecido, el sistema filosófico que acuñase ha quedado incompleto y falto de rumbo, con la obra de Gustavo Bueno sumamente dispersa y en la práctica buena parte de ella inencontrable (no existe siquiera un proyecto, ni a corto, medio ni largo plazo, de publicación de sus obras completas). Ni siquiera quienes dicen abanderar, como presuntos «herederos», el sistema del materialismo filosófico, obsesionados por su «difusión», parecen acordarse de las afirmaciones del propio Bueno, que figuran en las entrevistas que concedió a diversos medios de comunicación con motivo de sus noventa años cumplidos (o incluso, sin ir más lejos, su discurso ofrecido en su ciudad natal, Santo Domingo de la Calzada, el 1 de Septiembre de 2014): en ese momento afirmó que la expansión de su sistema no le preocupaba, porque era algo aleatorio y totalmente extrínseco, que del mismo modo que se había producido se podía apagar cualquier día: «No es que mi sistema haya «alcanzado» nada. Si lo comparamos con el principio, se puede decir que la difusión es mucho mayor, está más extendido por América y hasta se ha traducido un libro al chino. Eso no tiene por qué cesar, está internet… Pero dadas las condiciones, igual puede apagarse que seguir adelante. […] Al final es una cuestión aleatoria, meteorológica»
Rodríguez Pardo, J. M. (2018). El sistema del materialismo filosófico después de Gustavo Bueno. Revista Metábasis, Nº 1, 31.2.
ISSN 2605-3489


En este período, [1996-2016] Gustavo Bueno dio rienda suelta a su radicalismo filosófico en una suerte de filosofía mundana [sic], vertida en ensayos, que se ordenaba a triturar dialécticamente los mitos, alimentados a su juicio en la opinión pública de la democracia española por cierto fundamentalismo socialdemócrata, afín al PSOE, en el cual situaba no sólo a «intelectuales», sino también a influyentes catedráticos universitarios de filosofía. A su juicio, sin esa proyección pedagógica de la filosofía académica, la conciencia individual de los ciudadanos se hundiría en el infantilismo y la irracionalidad.
«No puede considerarse que Benito Feijoo sea una figura olvidada pero sí oscurecida, porque, siendo benedictino, no cuadra en el organigrama anticlerical de la Ilustración, una de sus señas de identidad más destacadas y queridas. Lo es porque permite igualar Ilustración y protestantismo, y alejar a Francia de su mundo natural, el católico-latino, para incluirla en el club de las naciones protestantes. Feijoo se definió a sí mismo como un «escéptico mitigado», lo cual no le causó problema ninguno con su orden ni con la Inquisición ni con las autoridades de su país. Feijoo no tiene prejuicios con los protestantes».
«Las ilustraciones que acompañaban a las novelas que hicieron furor en el siglo XIX, con su villano español, su inquisidor, su dama en apuros, su castillo derruido, etcétera, se trasladaron al cine nada más aparecer. […] El estereotipo del español, según nuestros textos escolares, literatura popular, cine y televisión, es el de un individuo moreno, con barba negra puntiaguda, morrión y siniestra espada toledana. Se dice que es, por naturaleza, traicionero, lascivo, cruel, codicioso y absolutamente intolerante. A veces toma la forma de un encapuchado inquisidor, malencarado»
«En carta escrita a su amigo Tomás Moro el 10 de junio de 1510 explica su negativa con la famosa frase «Hispania non placet». Erasmo ha asumido el prejuicio humanista, tan abundantemente esparcido por los italianos, de que los españoles son un pueblo cuya sangre y cultura están mezcladas de lo moro y lo judío y, profundamente antisemita como era, rechaza España sin tomarse la molestia de conocerla»
«Es obvio que cuando la filosofía se entiende de tal modo entrañada con las propias prácticas cotidianas de los hombres que concurren en un presente determinado, la «reflexión» sobre sus estrategias, valores, &c., en cuanto alternativas de otras posibles, podría llegar a verse a sí misma como redundante, y como un pleonasmo el instituir una «filosofía sustantiva». Goethe expresaba muy bien este punto de vista cuando respondía a una pregunta de Eckermann (16 de febrero de 1827) sobre quién, en su opinión, era el mejor filósofo moderno: «Kant, sin la menor duda»; añadiendo, a modo de advertencia: «aunque no lo haya leído, ha influido en usted. Ahora ya no lo necesita, porque ya tiene lo que pudiera él darle»».
«Habría que pensar este asunto con mucho pormenor y mucho mimo porque la continuidad de nombres suele ser engañosa. Los españoles del siglo XIX no son en absoluto los del siglo XVII. El español del siglo XVII no habría buscado nunca un culpable para sus males que no fuese él mismo. Solemos considerar que España es un estado europeo que nació en la primera oleada de formaciones estatales, la del Renacimiento, pero, si bien se piensa, la España de hoy se forma en el siglo XIX, en la etapa postimperial y como parte desgajada de un organismo mayor. Con mucho tino dijo el historiador Juan Antonio Ortega que «España se independizó de sí misma». […] De vez en cuando estos españoles y los del otro lado del charco, a los que solemos llamar hispanos por costumbre, tienen como un ataquillo de orgullo [SIC], a veces ridículo, a veces nostálgico y siempre inútil. También los peninsulares deberíamos tener otro nombre que nos separara nítidamente a aquellos españoles [SIC]. Parece que los españoles siguen existiendo, cuando ni los hispanos ni los que llevan ahora este nombre son ya aquellos españoles. En verdad, también los españoles peninsulares deberían llamarse hispanos. Si trasladamos la situación a Roma se verá más claro. Ningún pueblo románico es romano. Los romanos ya no existen. En el siglo V ya no existían. Ni los portugueses, ni los italianos ni los franceses son romanos. Y los que así son llamados hoy día, los habitantes de la ciudad de Roma, no tienen nada que ver con aquellos romanos del imperio»