Creemos inexcusable, como preámbulo de esta crítica, ofrecer algunas indicaciones esenciales de carácter bio-bibliográfico sobre Maestro que introduzcan de alguna manera la vasta problemática que vamos a tratar de desbrozar en estas páginas. Maestro ha asegurado que su acercamiento a Bueno fue muy temprano, fechable en sus años universitarios: «En 1990 comencé la elaboración de mi tesis doctoral. Las lecturas de todo lo que se publicaba en El Basilisco me sirvieron de referencia fundamental, en una relación entre Filosofía y Literatura que iría creciendo progresivamente» (Angulo, R., Vélez, I. & Franco, R., 2014, 109). Sin embargo, basta una lectura de la tesis doctoral de Maestro, publicada en 1994, para desmentir esta aseveración: no solo porque en ella no se cite en ningún momento a Bueno o al materialismo filosófico (solo se trata la idea de transducción, que será recuperada después para su «Crítica de la Razón Literaria», aunque, como es sabido, esta idea no es tampoco ocurrencia de Maestro, sino que fue Dolezel en un artículo de los años 80 quien la introdujo en estudios literarios; un artículo, dicho sea de paso, cuya única versión española hasta la fecha debemos al volumen sobre semiología literaria editado por el propio Maestro en 2002), sino, ante todo, porque la tesis está repleta de alabanzas a figuras como Bajtín, Gadamer o Kant y se constata en ella una dependencia teórica evidente de la filosofía alemana, convenientemente remozada por su directora de tesis, María del Carmen Bobes Naves.
Ruiz de Vergara Olmos, E. (2019). La «Crítica de la Razón Literaria» de Jesús González Maestro vista desde el materialismo filosófico. Revista Metábasis, Nº 4, 41.
ISSN 2605-3489

Ahora bien, el soneto Suelta mi manso, mayoral extraño, tiene un sentido literal y prosaico cuya racionalidad noetológica –no por ello científica estricta, alfaoperatoria sino prudencial betaoperatoria– pueda serle reconocida al margen y previamente a su sentido poético. Un sentido que sólo se nos manifiesta en su interpretación alegórica, cuando manso (y sólo a través del autor y de otras obras suyas, como causa eficiente y formal) nos lleva a la mujer. Pero a la mujer vista no como mero sustituto de un referencial que pudiera ser simplemente desplazado, sino como un manso fingido que sustituye a una mujer real, y como una mujer real vista poéticamente como un manso, según sus querencias específicas y por encima de su voluntad. No por ello la interpretación poética del soneto pierde racionalidad, tan sólo pierde la racionalidad prosaica.

Una relación tan estrecha implicaba un trato que iba más allá de lo académico. Un alumno de doctorado le escribía en 1959 que «Hay algo de humano en Vd. que se desborda del simple catedrático». El filósofo Gustavo Bueno (1924), que no fue alumno en sus clases, pero que consideraba a Montero su maestro «fuera de ellas», mantuvo una escasa relación epistolar con él después de establecerse como catedrático de Filosofía en la Universidad de Oviedo en 1960. No obstante, el ejemplo de su antiguo profesor siempre fue influyente en su quehacer intelectual, como le confesaba años más tarde:
El análisis clausewitziano de las tensiones entre las intenciones y los sentimientos hostiles, y de la falsedad real de la apariencia menos política de una guerra más violenta y de la apariencia más política de una guerra menos violenta, elucida la diferencia entre fenómeno visible y realidad efectiva. En este sentido, sugiere la apertura de un campo de discusión específico. La cuestión de la intensidad es útil para abordar algunos debates centrales del pensamiento político-estratégico. Por ejemplo, patentiza el error conceptual en que recayera el US Army cuando en el año 1985 comienza a operar con el Manual Military Operations in Low Intensity Conflict, pues confunde la intensidad de la guerra —a la que llaman con el término genérico «conflicto»— con la escala de uso material. Es decir, confunde la política con la tecnología, repitiendo los errores que condujeron a la derrota en Vietnam y a las más que comprometidas situaciones en Irak y Afganistán. ¿Cómo puede haber guerra si la intensidad es baja? Precisamente, más allá de la escala o el volumen de fuego, la guerra por razones ideológicas, es una de las más altas en intensidad, apenas superable por la de base religiosa. La interpretación de la tesis clausewitziana de la primacía real, luego, operacional, de la política sobre las armas, posibilita distinguir el orden jerárquico de los clivajes o, en lenguaje clausewitziano, la naturaleza de las intenciones contradictorias en un lugar de dominancia sobre las cuestiones operacionales. De este modo, se evita la confusión de signo tecnocrático entre la intensidad de la guerra y el volumen de fuego o la cantidad de recursos empleados en la guerra.
«Materialismo histórico vs Materialismo filosófico». 