Finalidad y teleología según Gustavo Bueno

GBuenoLa distinción entre finalidad (etológica) y teleología (biológica) –aún en los casos en los cuales no cabe oponerlas por el criterio de la prolepsis (de la propositividad)–, no es una distinción dicotómica, como lo sería la oposición entre finalidad proléptica y teleología no proléptica, puesto que hay que reconocer situaciones intermedias o ambiguas. Y esto sin tener en cuenta que tanto la finalidad como la teleología implican movimientos y medidas suyas en el tiempo, pero no en un tiempo orientado, en fórmula de Aristóteles, «según el antes y el después», sino un tiempo orientado «según el después y el antes». […] Un caso en el cual el finalismo etológico y la teleología fisiológica confluyen profundamente sería el caso del famoso escarabajo pelotero, el Scarabaeus sacer: la pelota de estiércol que amasa el escarabajo (por cierto, según una morfología ovoidea), o bien constituye un objetivo dado en el ámbito de un finalismo nutritivo individual –y en este caso el escarabajo utiliza cualquier tipo de estiércol «equifinal»– o bien constituye un objetivo dado en el ámbito de una teleología reproductiva, cuyo objetivo es depositar un huevo en la pelota ovoide (y para este objetivo el escarabajo utilizará no cualquier tipo de estiércol, sino el estiércol de carnero): la larva madura comienza a devorar el estiércol húmedo en el que fue depositado el huevo.

Bueno, G. (2010). La cuestión del aborto desde la perspectiva de la teleología orgánica,

El Catoblepas, Nº 98, 2.

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El neofeudalismo como muestra de la indigencia intelectual de Imperiofobia y leyenda negra

Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra«No es asunto de este libro, pero hago notar que los territorios de un imperio, cuando este se derrumba, pasan por una larga etapa de problemas sociales y políticos, y se ven arrastrados por toda suerte de tendencias disgregadoras que generan una enorme conflictividad. Y esto sucedió en Hispanoamérica y en España por igual. El feudalismo es el resultado de la caída del Imperio romano, esto es, del fracaso del Estado. Se genera automáticamente una situación feudal siempre que se produce esta quiebra estatal, porque el feudalismo no es más que la búsqueda de alianzas personales por encima de la ley. El mundo se vuelve demasiado inseguro para confiar en extraños. Consciente de que la situación de Hispanoamérica era pareja a la de Europa tras el fin del Imperio romano, Simón Bolívar dijo que era necesario dejar que América del Sur hiciera su Edad Media. De semejante manera, viven los Balcanes en un estado de angustia permanente. Las terribles guerras que allí se han comenzado tienen una relación directa con el final del Imperio otomano y el Imperio austrohúngaro. El Imperio español hizo durante varios siglos que el milagro e pluribus unum fuera posible, y cuando el imperio faltó, afloraron todas las diferencias de sustrato, que eran enormes, y lo que triunfó fue ex uno, plures»

Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra:

Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 347.

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La voluntad de vivir según Philipp Mainländer

Philipp Maindlander

En el mundo no hay otra cosa que la voluntad individual, que tiene una tendencia fundamental: vivir y mantenerse en la existencia. Esta tendencia se presenta en el hombre como egoísmo, que constituye la cubierta de su carácter, es decir, el modo y manera en que quiere vivir y mantenerse en la existencia.

Mainländer, Philipp (2014), Filosofía de la redención. Madrid: Ediciones Xorki, 195.

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La solución para España es la Europa sublime, según la autora de Imperiofobia y leyenda negra

Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra«La idea de una Europa unida era demasiado nueva y demasiado vieja. Triunfaron la razón de Estado, la monarquía absoluta y las naciones. En definitiva, la fragmentación y no la unidad. El protestantismo fue la carga principal de dinamita con que se voló este proyecto prematuro de unidad europea. Entiéndanse bien las causas y los efectos. No es que este fracasara porque apareció el problema del protestantismo, sino que el protestantismo surgió para que este proyecto no triunfara. Los bueyes no deben ir detrás del carro»

Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 163.

«Decía Leonardo Da Vinci que como no se puede lo que se quiere, hay que querer lo que se puede. Y lo que se puede ahora es la Unión Europea. No hay por lo tanto más remedio que colaborar activa y lealmente para que ese monstruo de Frankenstein [sic] que es la Unión perdure y funcione bien. Pero esto hay que hacerlo sin papanatismos y sin perder el norte de los propios intereses. La Unión Europea debe servir para crear un espacio de convivencia donde puedan habitar en paz, prosperidad y solidaridad pueblos muy diversos, y no para que unos prosperen a costa de otros, logrando por medios poco éticos [sic] y poco visibles una hegemonía que por otros procedimientos no lograron»

Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra:

Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 476.

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Carl Clausewitz y la biocenosis europea

Clausewitz De la guerraSi pensamos en la república de Estados de la actual Europa encontramos— por no hablar de un equilibrio de poder sistemáticamente regulado y de sus intereses, que no existe y que por eso mismo ha sido discutido con razón— indiscutiblemente que los grandes y pequeños intereses de los Estados y los pueblos se entrecruzan de la forma más variopinta y variable. Cada uno de estos entrecruzamientos forma un nudo de sujeción, porque en él la orientación de uno hace de contrapeso a la del otro; todos esos nudos forman evidentemente una cohesión del todo más o menos grandes, y esa cohesión ha de ser parcialmente superada en cada cambio que se acomete. De este modo, las relaciones generales de todos los Estados entre sí sirven más para mantener el todo en su actual forma que para producir cambios en él, es decir, esa es en general la tendencia.
Así, creemos, hay que entender la idea de un equilibrio político, en este sentido surgirá por sí mismo allá donde varios Estados civilizados entren en múltiple contacto

Clausewitz, C. (2005). De la Guerra. Madrid: La Esfera de los Libros, 73.

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¿Qué fue y qué será de Gustavo Bueno?

LNE120820181

Valbuena, Felicísimo (12 de Agosto de 2018). ¿Qué fue y qué será de Gustavo Bueno?,

La Nueva España, 41.42.

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Así era Gustavo Bueno…

GUSTAVO BUENO

 

«Me gusta ser maestro en el sentido más humilde»

«Feijoo es uno de los motivos esenciales de mi simpatía por Asturias. Lo he dicho muchas veces, en entrevistas»

Avello, M. (23 de Abril de 1978). La filosofía está en la calle. Gustavo Bueno y la función social del pensamiento, La Nueva España.

El 1 de Septiembre en Revista Metábasis

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Dos individuos, dos personas

Pero después de todo me queda la sospecha, de que la cFeijoouestión de si son dos individuos, o uno, cuando las cabezas son dos, y uno el corazón, acaso cae sobre un supuesto falso. Acaso, digo, siempre que son dos las cabezas, son dos los corazones. Martino Weinirich, Autor que no he visto, sino citado en Paulo Zaquias, fue el único que dio en el pensamiento, de que, siendo dos las cabezas, es necesario ser dos los corazones. Impúgnale Paulo Zaquias con las historias de tres monstruos, en cada uno de los cuales eran dos las cabezas, y único el corazón. Pero yo pretendo, que estas historias nada prueban, entretanto que no nos consta, que el examen de la unidad del corazón se haya hecho con toda la delicadeza, que cabe en la pericia Anatómica; porque el que a la simple, y común inspección el corazón parezca uno, nada convence.

Fúndome en el examen que hizo Mr. Lemeri de un monstruo bicípite, nacido en París el día 15 de Marzo del año 1721. Este, aunque con dos cabezas bien distintas, y separadas, no tenía más que dos brazos, y dos piernas, &c. pero el pecho era más ancho, y abultado, que debiera ser en correspondencia a una sola cabeza. Abierto, se hallaron dos espinazos, inmediatos uno a otro, que proseguían así hasta el Coccix; el cual, aunque exteriormente parecía único, bien reconocido, se vió estar duplicado. El corazón a la vista no era más que uno, y aun se puede decir, que examinada su cavidad, no representaba ser más que medio corazón, porque no tenía más que un ventrículo, sin septo medio, que le dividiese, ni en todo, ni en parte. Con todo, el sabio Anatomista, que hizo la disección, formó juicio resuelto, y firme de que eran dos corazones incorporados, y como confundidos en uno. Su gran prueba fue la duplicación del tronco de la aorta, y del de la arteria pulmonar; de modo, que de un lado salían dos troncos de aortas, y del otro dos de la arteria pulmonar, evidentemente destinados a repartir la sangre a dos fetos confundidos en uno. En los pulmones había también su confusión. Mirados a bulto, parecían una entraña sola; pero examinados con cuidado, se reconocía ser dos; ni podía ser otra cosa, ya por recibir dos arterias pulmonarias, ya por ser basas de dos tráqueas. Omito otras particularidades, que no son del caso para el asunto en que estamos, y que se hallan individuadas con mucha extensión en las Memorias de la Academia Real de las Ciencias del año 1724.

Mucho me inclino a que si en todos los monstruos bicípites se hiciese la disección con toda la exactitud, que observó Mr. Lemeri, en todos se hallarían dos corazones; a lo que me mueven las siguientes reflexiones. Lo primero, porque esto es más natural, y lo contrario más monstruoso. Es más natural, digo, que en un complejo, donde hay dos cabezas, haya dos corazones; y el juicio se debe hacer por lo más natural, siempre que lo contrario no consta con certeza. Lo segundo, por haberse observado tal vez en otros miembros menos nobles de semejantes monstruos la duplicación, registrándolos con cuidado, aunque a la vista se representaba uno solo. Ulises Aldrobando refiere, que el año de 1610 en el territorio de Pistoya nacieron dos infantes unidos, de los cuales uno, según lo que se ofrecía a los ojos, no tenía más que una pierna; pero tentándola con diligencia el Cirujano, reconoció en ella los huesos correspondientes a dos piernas. En el monstruo bicípite de Nortumberland, de que hablamos arriba, hiriendo cualquiera de las dos piernas, sentían el dolor, como allí notamos, ambas cabezas; de que se infiere, que debajo de un tegumento común había dos piernas, una correspondiente a una cabeza, otra a otra. El monstruo de esa Ciudad ofrece otra prueba de lo mismo, pues la división desde el codo en dos brazos, y dos manos, muestra que el intervalo, desde el hombro al codo, en que se representaba un brazo sólo, había las venas, arterias y nervios correspondientes a dos brazos; porque si no, ¿cómo pudieran bajar al resto las correspondientes a dos brazos, y dos manos? De que es natural colegir el hueso, desde el hombro al codo, también duplicado.

Lo tercero, porque el modo más natural, y aun acaso único, de explicar la formación de esta especie de monstruos, es por la conglutinación de dos fetos, la cual pudiendo hacerse de innumerables maneras diferentes; esto es, conglutinándose tales, o tales miembros, y quedando separados tales, o tales, de aquí resulta la variedad de ellos; pero es consiguiente a dicha formación, que en cada uno de tales monstruos (a lo menos por lo común) existan todos los miembros correspondientes a dos individuos, unos conglutinados, otros divididos.

Feijoo, B. J. (1777), «Respuesta a la consulta sobre el Infante monstruoso de dos cabezas, dos cuellos, cuatro manos, …», Cartas Eruditas y Curiosas, Tomo 1. Madrid: Real Compañía de Impresores y Libreros, 96-8.

 

21 días para el lanzamiento de Revista Metábasis

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El 7 de Agosto de 2016 falleció Gustavo Bueno…

GBueno

El 1 de Septiembre, cuando Gustavo Bueno hubiera cumplido 94 años,

nace Revista Metábasis para el desarrollo de su sistema, el materialismo filosófico.

μετάβασις εἰς ἄλλο γένος

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La «imperiofobia» como concepto oscuro y confuso

Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negraLa imperiofobia es una forma de racismo que no se basa en la diferencia de color o en la religión, pero se apoya en ambas. El racismo tradicionalmente afirma que la etnia que tiene tal o cual color o religión es inferior a otra. Lo peculiar del prejuicio racista es ir al genus, a la estirpe. Un individuo que ha nacido en el seno de un grupo determinado es calificado a priori de una manera negativa. No importa lo que haga o diga, pues todo vendrá a abundar en la idea previa que de él se tenía. Antes de su nacimiento ya está condenado. Las atroces consecuencias que el racismo llamado «científico» trajo al mundo, llevaron a que fuera denunciado insistentemente después de la Segunda Guerra Mundial. El Imperio Nuevo, el estadounidense, ha hecho de la lucha contra toda forma de discriminación racial, también en su interior, una de sus banderas. El rechazo al negro o al judío, por el hecho de serlo, fue tan reiteradamente criticado y condenado que hoy nadie en su sano juicio puede decir en voz alta una frase racista, y si lo hace, caerá sobre él la mayor condena moral y social, e incluso incurrirá en un delito penado por la ley. Otra cosa es que el antisemitismo o los prejuicios contra la gente de piel oscura hayan desaparecido. Existen y seguirán existiendo. El prejuicio es funcional en una sociedad y esto garantiza su capacidad para perdurar.
No hay, en esencia, diferencia apreciable entre la imperiofobia y el antisemitismo o cualquier otra forma de racismo. El romano, el ruso, el estadounidense, el español son necesariamente malos porque han nacido en el seno de un grupo humano que es perverso por sí mismo y todo cuanto de ellos emane será malvado. No obstante, dos notas particularizan el racismo contra los pueblos imperiales. Habitualmente el racismo en Occidente va contra grupos étnicos minoritarios, pobres o marcados por alguna diferencia que los convierte en periféricos, pero un pueblo imperial en modo alguno ocupa una posición excéntrica en un continente y el racismo contra ellos no nace de su debilidad ni para justificar el abuso que se hace de ese pueblo considerado inferior, sino justamente de lo contrario: de su eminencia. En realidad, son dos caras de la misma moneda: el rechazo de la diferencia, por arriba o por abajo. Por un lado está el grupo que se siente superior frente a otro más débil. Esto es muy fácil. ¿Qué dificultad hay en verse superior cuando se pertenece al grupo más poderoso? La forma en que este racismo se manifiesta ya sabemos cómo es. La otra cara de la moneda es el racismo que desarrollan los pueblos que ocupan una posición subalterna con respecto al pueblo que desencadena un proceso imperial y lo sostiene. Molesta sobremanera saberse en la segunda división de la historia y, en cierto modo, subsidiarios y dependientes. Este complejo de inferioridad es el que busca su alivio en la imperiofobia. Hay que disminuir la talla del pueblo imperial, y como no es posible agarrarse a las condiciones materiales de su existencia, es necesario demostrar que son espiritualmente inferiores. El racismo tiene siempre una connotación de inferioridad moral e intelectual. Los griegos ya encontraban a los romanos poco dotados intelectualmente, y la misma opinión tuvieron los italianos de los españoles, y los polacos y los checos de los rusos. Ahora mismo, una parte grande de la humanidad, sobre todo europea, está convencida de que los estadounidenses, además de medio tontos, son unos ignorantes.
El desarrollo de este complejo de inferioridad que se proyecta en la imperiofobia no se produce en cualesquiera circunstancias. El imperio en auge tiene que colisionar en su expansión física o cultural con un grupo que posea al menos dos características: una oligarquía poderosa y una clase intelectual de cierta solidez. Ni los calmucos ni los dakota ni los yanomami estaban en condiciones de desarrollar una leyenda negra contra los mongoles, los estadounidenses o los españoles, respectivamente. Dicho en otros términos: la imperiofobia la crea una élite intelectual, que es la que le da forma y prestigio.

Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra:

Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 119-21.

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