26 de Septiembre, natalicio eterno del Padre Feijoo…

Mas la pasión nacional, de que hasta aquí hemos habFeijoolado, es un vicio (si así se puede decir) inocente, en comparación de otra, que así como más común, es también más perniciosa. Hablo de aquel desordenado afecto, que no es relativo al todo de la República, sino al propio, y particular territorio. No niego, que debajo del nombre de Patria, no sólo se entiende la República, o Estado, cuyos miembros somos, y a quien podemos llamar Patria común; mas también la Provincia, la Diócesis, la Ciudad, o distrito donde nace cada uno, y a quien llamaremos Patria particular. Pero asimismo es cierto, que no es el amor a la Patria, tomada en este segundo sentido, sino en el primero, el que califican con ejemplos, persuasiones, y apotegmas Historiadores, Oradores, y Filósofos. La Patria a quien sacrifican su aliento las armas heroicas, a quien debemos estimar sobre nuestros particulares intereses, la acreedora a todos los obsequios posibles, es aquel cuerpo de Estado; donde debajo de un gobierno civil estamos unidos con la coyunda de unas mismas leyes. Así España es el objeto propio del amor del Español, Francia del Francés, Polonia del Polaco. Esto se entiende, cuando la transmigración a otro País no los haga miembros de otro Estado; en cuyo caso éste debe prevalecer al País donde nacieron, sobre lo cual haremos abajo una importante advertencia. Las divisiones particulares que se hacen de un dominio en varias Provincias, o Partidos, son muy materiales, para que por ellas se hayan de dividir los corazones.

El amor de la Patria particular, en vez de ser útil a la República, le es por muchos capítulos nocivo: Ya porque induce alguna división en los ánimos que debieran estar recíprocamente unidos, para hacer más firme, y constante la sociedad común; ya porque es un incentivo de guerras civiles, y de revueltas contra el Soberano, siempre que considerándose agraviada alguna Provincia, juzgan los individuos de ella, que es obligación superior a todos los demás respetos el desagravio de la Patria ofendida. Ya en fin porque es un grande estorbo a la recta administración de Justicia en todo género de clases, y ministerios.

Feijoo, B. J. (1777). «Amor de la Patria y pasión nacional». Teatro crítico universal o discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes, Tomo 3. Madrid: Real Compañía de Impresores y Libreros, 237-8.

En marcha el Número 2 de la Revista Metábasis…

 

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La voluntad de vivir

Felipe Giménez Pérez, Philipp Mainländer. Filosofía de la redenciónSiguiendo a Schopenhauer la fuerza que se revela en nuestro interior es la voluntad de vivir. Es el conatus de Espinosa. Queremos la existencia y por eso existimos. La voluntad de vivir es el núcleo más esencial e íntimo de nuestro ser.
La voluntad de vivir individual y real es el fundamento de la física. La voluntad de vivir es un movimiento unitario e indiviso. Entonces es lo inorgánico. Si en cambio la voluntad
tiene un movimiento resultante es un organismo.
La ética de Mainländer es eudemónica. Se trata de buscar la felicidad. Se trata de investigar la felicidad:

En el mundo no hay otra cosa que la voluntad individual, que tiene una tendencia fundamental: vivir y mantenerse en la existencia. Esta tendencia se presenta en el hombre como egoísmo, que constituye la cubierta de su carácter, es decir, el modo y manera en que quiere vivir y mantenerse en la existencia.

 

Giménez Pérez, F (2018). Philipp Maidländer. Filosofía de la redención.​ «Reseña» a Mainländer, Philipp (2014), ​Filosofía de la redención. Madrid: Ediciones Xorki, 2014. Revista Metábasis, Nº 1, 76.7.

 

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La Nación Española actual nada debe ya al Imperio Español, según María Elvira Roca Barea

José Manuel Rodríguez Pardo, La «voluntad de poder» del Imperio Español«Habría que pensar este asunto con mucho pormenor y mucho mimo porque la continuidad de nombres suele ser engañosa. Los españoles del siglo XIX no son en absoluto los del siglo XVII. El español del siglo XVII no habría buscado nunca un culpable para sus males que no fuese él mismo. Solemos considerar que España es un estado europeo que nació en la primera oleada de formaciones estatales, la del Renacimiento, pero, si bien se piensa, la España de hoy se forma en el siglo XIX, en la etapa postimperial y como parte desgajada de un organismo mayor. Con mucho tino dijo el historiador Juan Antonio Ortega que «España se independizó de sí misma»»

Rodríguez Pardo, J. M. (2018). La «voluntad de poder» del Imperio Español. «Reseña» a Roca Barea, María Elvira (2017), ​Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 479 páginas. Revista Metábasis, Nº 1, 98.

 

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El carácter existencial de la distinción entre amigo y enemigo

Pablo Anzaldi, Clausewitz y Schmitt. El concepto político de la GuerraSchmitt parece ser tributario de Clausewitz en aspectos que constituyen la base misma de su argumentación. Por ejemplo, cuando afirma que «La guerra deriva de la hostilidad puesto que ésta es negación absoluta de todo otro ser. La guerra es sólo la realización extrema de la hostilidad» puede alegarse, con cierta verosimilitud, que sigue a Clausewitz, quien sostiene que «La lucha entre los hombres consta en realidad de dos elementos distintos, el sentimiento de hostilidad y la intención hostil».

Lo que hemos denominado principio de hostilidad recíproca como constituyente de la Teoría de Clausewitz reaparece en Schmitt en una dimensión dramática existencial, a su vez muy a tono con el tipo de meditación clausewitziana. Así, cuando Schmitt dice que la guerra «no tiene necesidad de ser algo cotidiano o normal, y ni siquiera de ser vista como algo ideal o deseable» sigue también a Clausewitz que afirma que «la guerra no es ningún pasatiempo, ningún mero gusto por la audacia y el logro, ninguna obra del entusiasmo libre, es un medio serio para un fin serio» . Interesa detenerse en la analogía entre «algo cotidiano y normal» de Schmitt y el término «pasatiempo» de Clausewitz, así como «algo ideal o deseable» de Schmitt y «obra del entusiasmo libre» de Clausewitz. La gravedad en tanto riesgo de perder la vida es propiamente la fuerza de imposición de la realidad de la guerra captada como nota común por ambos. El desprecio por el estilo de vida romántico en el sentido que denota tanto la ironía como la primacía del consumo y el goce estético se manifiesta como contraparte de un argumento fuerte de la política. Ambos se deslindan del romanticismo y de la liviandad, y restituyen en la expresión toda la gravedad y seriedad de la política y su parte violenta, la guerra. En el mismo párrafo Schmitt señala que la guerra «debe, no obstante, existir como posibilidad real para que el concepto de enemigo pueda mantener su significado». Se trata de un concepto muy similar al sostenido por Clausewitz y citado ex ante. La posibilidad del combate y el despliegue de fuerzas pueden ser homologados a la finalidad constitutiva de las fuerzas armadas como parte del Estado. Su sola existencia denota la posibilidad de la guerra porque el Estado es un ordenamiento concreto que institucionaliza la virtualidad de la enemistad en el nivel empírico. El Estado supone la posibilidad de la guerra, la hostilidad como posibilidad permanente de la realidad objetiva. Schmitt es taxativo al distinguir enemigo (hostis), de enemigo privado (inimicus). Es del hostis, que proviene de extranjero, de donde se origina la palabra hueste, y hostis significa pueblo enemigo, país enemigo o enemigo público. Se diferencia del inimicus en que éste último es el enemigo privado. Schmitt reelabora el principio de hostilidad de Clausewitz, quien ha tematizado la guerra develando el contenido político —la causa eficiente y final, su contenido— de los aspectos estratégicos, operacionales y tácticos con los cuales se prolonga. Al argumentar sobre la naturaleza política de la guerra Clausewitz proporciona a Schmitt una plataforma conceptual para la elaboración de una idea de lo político que incluye a la guerra como virtualidad determinante.

Anzaldi, P. (2018). Clausewitz y Schmitt. El concepto político de la Guerra.

Revista Metábasis, Nº 1, 50.

 

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Los medios audiovisuales o la muerte de la Filosofía académica

José Manuel Rodríguez Pardo, El sistema del materialismo filosófico después de Gustavo BuenoSi la filosofía universitaria, denominada «filosofía oficial» por Bolado (en realidad filosofía administrada), no presta en la actualidad interés al materialismo filosófico y a Gustavo Bueno, no será por falta de difusión sino por el desinterés generalizado de sus protagonistas, que hace ya décadas que se desentendieron por completo del asunto; desinterés que obedece a múltiples motivos (algunos ya enumerados en este trabajo) que debieran ser objeto de análisis de un historiador riguroso. ¿Es que acaso Bolado no se da cuenta que la expulsión de Gustavo Bueno de la Universidad española, donde se encontraba firmemente asentado, al menos en Oviedo, es una consecuencia de la causa (no la única, eso sí) de la propia decadencia de la institución, totalmente cerrada a cualquier desarrollo que no sea el de la filosofía de profesores y para profesores? Es más, a propósito de la difusión, diríase que la visualización de estos contenidos ha provocado la exaltación de un género oral en detrimento de lo que verdaderamente genera peso en un sistema filosófico: la redacción de artículos y libros, que en el contexto del sistema han pasado a un segundo plano en correspondencia con las tendencias y desarrollos de nuestra era digital, pasando internet de ser mero texto a ser sobre todo imagen audiovisual; una era en la que leer ya se considera algo proscrito. Otro detalle que para Bolado resulta lo mismo que para quien oye llover… […] En resumen, la potencia del sistema del materialismo filosófico es inútil medirla por algo tan genérico y al alcance de cualquiera como son los contenidos audiovisuales o sus visualizaciones, que más que convertirse en un símbolo de distinción homologa al sistema a la mediocridad reinante en nuestra época, donde las telepantallas han sustituido a la lectura. No deja de ser sintomático que el perfil de las personas que se han acercado al materialismo filosófico, a partir de la Cuarta Oleada, es el de consumidores de multitud de vídeos que apenas han leído nada de Bueno o de cualquier otro autor vinculado al sistema.

Rodríguez Pardo, J. M. (2018). El sistema del materialismo filosófico después de Gustavo Bueno. Revista Metábasis, Nº 1, 31.2.

 

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Número monográfico: la controversia sobre el aborto

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Revista Metábasis realiza un llamamiento para el envío de toda clase de trabajos, con vistas a la edición de un número monográfico, bajo el título:

La controversia sobre el aborto

Planteamiento.

En las últimas décadas, se está imponiendo en las legislaciones positivas de muchos países que el «derecho al aborto» es una gran conquista para la parte femenina de la Humanidad, como una suerte casi de derecho natural: diríase que toda mujer, por el hecho de serlo, dispone del derecho a la «interrupción voluntaria del embarazo» que haya tenido lugar, bien por concurso de la relación con un hombre, bien por su inseminación por medios biotecnológicos.

El reconocimiento del «derecho al aborto» abarca principalmente a los países del Occidente cristiano, tanto los de tradición protestante como incluso los de tradición católica. Recientemente, la República Argentina se convirtió en «punta de lanza» dentro de la América Hispana para quienes defienden la despenalización del aborto por encima de la semana 14 de embarazo de la mujer. Pese a todo, la opción antiabortista se mantuvo, con todo lo que supone como modelo para países del entorno que no admiten semejante práctica, pese a las recomendaciones de la ONU, que exigía el reconocimiento del derecho de las mujeres a abortar hasta la semana 14 de embarazo, ampliándolo en caso de que haya riesgos para la salud de la madre, si hubiera mediado violación en la gestación, o si el feto fuera inviable extrauterinamente.

Semejante recomendación, considerada por la generalidad de los comentaristas como una «muestra de progreso» y de reconocimientos de derechos, en realidad deja muchas incógnitas tanto en su formulación como en su desarrollo.

En general, tiende a considerarse el proceso de gestación como algo que puede sin más interrumpirse; de ahí proviene el eufemismo de «interrupción voluntaria del embarazo», como si la gestante pudiera volver a poner en marcha la gestación en caso de arrepentirse de haberla «interrumpido». Pero un aborto es una ruptura irreversible del proceso de gestación de un ser humano, y la apelación a estos eufemismos oculta ya de entrada una necesidad de desnaturalizarlo y de corromper el significado del término.

La situación se agrava cuando se habla de «embarazos no deseados», situando al aborto como método anticonceptivo a escoger entre otros muchos; verdadera negligencia indigna de personas con un mínimo de sinderesis que hoy día, cuando los métodos anticonceptivos baratos, sencillos y eficaces que están a disposición de todo el mundo ofrecen un amplio abanico de posibilidades para evitar los «embarazos no deseados». 

Otro de los aspectos controvertidos del «derecho al aborto» es el supuesto «derecho a decidir sobre el propio cuerpo», o el «nosotras parimos, nosotras decidimos», que piden el principio: el cuerpo humano es constitutivo de la individualidad personal, y no cabe, salvo desde un espiritualismo extremo, disociar el cuerpo respecto a un «yo» espiritual que fuera propietario del mismo, al igual que somos propietarios de cualquier otro objeto.

Asimismo, no puede disociarse la gestación del proceso de fecundación, que necesita no sólo del óvulo, sino del espermatozoide que un padre ha aportado al proceso, y que también ha de tener algo que decir sobre su futuro hijo. Igualmente, el embrión y la madre que lo acoge su seno son dos individuos distintos, con ciclos y sentimientos diferentes desde el momento de la gestación. Eso implica que pueden entrar en conflicto el uno con el otro y suponer (tal es uno de los supuestos de las leyes sobre el aborto) el embrión un riesgo para la vida de la madre, o la madre provocar complicaciones en el embrión, lo que podría llevar a la necesidad de un aborto provocado, o buscar la viabilidad del feto fuera del vientre materno, entre otras opciones. O simplemente abortar al feto por el supuesto de la «peligrosidad para la salud psíquica de la madre», verdadero sumidero que fundamenta miles de abortos en diversos países del mundo.

Sin embargo, lo más problemático de las legislaciones sobre el aborto es la introducción de unos plazos a la hora de regularlo, situación sumamente artificiosa: no existe, pese a los intentos de ciertos biólogos fundamentalistas, ningún tipo de plazo en el proceso de fecundación que indique que el embrión es algo distinto del ser humano que nacerá, si no hay contratiempos, tras nueve meses de gestación. Más allá de los absurdos disparates que equiparan al óvulo y al espermatozoide al resultado de la fecundación, desde el momento de la concepción se ha formado un ser humano nuevo, una individualidad numéricamente irrepetible, singular, cuya finalidad es la de salir del vientre de su madre y convertirse en un ser humano como cualquier otro.

Argumentar, como realizan de forma indocta muchos presuntos «científicos», que hasta varias semanas después de la gestación no existe un ser humano diferenciado, es caer en las posturas metafísicas de la «animación retardada» que se sostuvieron en tiempos desde la perspectiva aristotélica-escolástica (40 días el feto masculino, 90 el femenino), considerando que antes de recibir el alma o forma sustancial no había ser humano sino una materia amorfa, abortable. En general, los plazos propuestos tanto por «científicos» como por juristas amparados en esta presunta cientificidad, son plazos pragmáticos, que variarán según la perspectiva moral de la sociedad de referencia (sea cristiana, musulmana, budista, &c.).

Trabajos que pueden presentarse para este monográfico.

Consciente de que esta es una problemática interdisciplinar, Revista Metábasis convoca a especialistas en diversas áreas del saber (biólogos, juristas, políticos, economistas, bioéticos, &c.) para que nos remitan sus trabajos.

Se admiten para este número monográfico los escritos que encajen en cualquiera de las secciones de Revista Metábasis que se incluyen en sus Normas de publicaciónArtículosComentarios y Reseñas bibliográficas, con las características que se mencionan en las mismas para cada uno de los formatos posibles.

Plazo de presentación.

Los trabajos mencionados habrán de remitirse de forma completa (no bastará un resumen o una mera propuesta), para su inclusión en este número monográfico, antes de la fecha siguiente:

1 de Abril de 2019

La dirección a la que enviar los trabajos es la siguiente:

 

revistametabasis@gmail.com

 

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Según la autora de Imperiofobia y leyenda negra, España es el problema y la Europa sublime la solución

Metabasis081No es de extrañar, en buena lógica, que Roca Barea aparentemente se contradiga al finalizar su libro, señalando que «lo que se puede ahora es la Unión Europea. No hay por lo tanto más remedio que colaborar activa y lealmente para que ese monstruo de Frankenstein [sic] que es la Unión perdure y funcione bien. Pero esto hay que hacerlo sin papanatismos y sin perder el norte de los propios intereses. La Unión Europea debe servir para crear un espacio de convivencia donde puedan habitar en paz, prosperidad y solidaridad pueblos muy diversos, y no para que unos prosperen a costa de otros, logrando por medios poco éticos y poco visibles una hegemonía que por otros procedimientos no lograron».

Y es que Roca Barea, pese a su por momentos notable libro desmitificador, en aras del presentismo, se ha tragado el mito de la «Europa sublime» que tanto denunció Gustavo Bueno, encarnada en el ideario de la Unión Europea, al igual que cree fervientemente en la universitas christiana de Erasmo como proyecto de unidad europea, que el protestantismo arruinó, según ella: «La idea de una Europa unida era demasiado nueva y demasiado vieja. Triunfaron la razón de Estado, la monarquía absoluta y las naciones. En definitiva, la fragmentación y no la unidad. El protestantismo fue la carga principal de dinamita con que se voló este proyecto prematuro de unidad europea. Entiéndanse bien las causas y los efectos. No es que este fracasara porque apareció el problema del protestantismo, sino que el protestantismo surgió para que este proyecto no triunfara. Los bueyes no deben ir detrás del carro». Verdadero camelo que intenta camuflar lo que ha sido siempre el continente europeo: una biocenosis o jungla de estados, lucha de diversos intereses («voluntades de poder», por seguir el hilo de Roca Barea) donde nadie ha podido imponer su paz al resto; de hecho, solamente mediante terceras potencias, Europa ha vivido en una paz duradera, ya sea la pax sovietica o la pax americana, en la que hoy nos encontramos inmersos. Lo que ahora vivimos es el intento, cada vez más irresponsable, de un eje francoalemán desesperado por pintar algo en el mundo, alimentando gratuitamente fenómenos como la crisis de los refugiados o la crisis de deuda a la que Roca Barea dedica la parte final de su ensayo.

De hecho, la propia autora reconoce que cuando «llegó la crisis de 2007 nos convertimos en PIGS, esto es, directamente en cerdos o en GIPSY, que es algo más pintoresco». Esa caracterización, sin embargo, ya no es negrolegendaria, puesto que las siglas de PIGS incluyen a países como Portugal, Italia y Grecia, que no son ajenos a la proliferación y difusión de la Leyenda Negra que se ha cernido secularmente sobre la última sigla del acrónimo, España (de ahí la constante confusión de las tesis generales del libro). Y todos ellos son parte de esa Europa real, en la que no cabe hablar de paz, prosperidad ni solidaridad, sino de saber defender nuestros intereses («sin papanatismos y sin perder el norte de los propios intereses», por parafrasear a la autora). Muy sintomáticamente, Roca Barea ni menciona la plataforma hispánica como alternativa a seguir por España frente a la «Europa sublime» que tanto le embelesa; como decimos, para la autora las relaciones entre Hispanoamérica y España son simples «ataquillos de orgullo»; ni tan siquiera plantea algo tan sencillo como no pagar la deuda y dejar de vivir del maná francogermano para ponernos a trabajar de verdad…

Rodríguez Pardo, J. M. (2018). La «voluntad de poder» del Imperio Español. «Reseña» a Roca Barea, María Elvira (2017), ​Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela, 479 páginas. Revista Metábasis, Nº 1, 100-1.

 

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La civilización se mueve hacia la aniquilación, según Philipp Maindländer

Metabasis073Para un pesimista como Mainländer que habiendo terminado de escribir toda su doctrina filosófica, que estamos comentando aquí, se suicidó: «El conocimiento de que la vida carece de valor supone el apogeo de toda sabiduría. La carencia de valor de la vida es la verdad más simple; pero, al mismo tiempo, la más difícil de conocer, porque se presenta oculta por incontables velos. Estamos, por así decirlo, sobre ella ¿cómo podríamos encontrarla?» (257). Todo el desarrollo histórico de la humanidad camina hacia el bienestar y hacia la búsqueda de la felicidad. El socialismo, al concederle bienestar material al pueblo permitirá a las masas darse cuenta de que la vida no vale nada. «En el Estado ideal, la humanidad realizará el “gran sacrificio”, como dicen los hindúes, es decir, morir» (325). En el Estado ideal toda la humanidad será ciudadana. Lo principal será la ciudadanía. El ciudadano será un hombre absolutamente libre. Será el hombre completamente emancipado. Ahora el hombre busca la muerte, la nada, el Nirvana, la muerte absoluta. Así pues la civilización es el movimiento de toda la humanidad y va desde la vida a la muerte absoluta. Sigue la humanidad una ley única: la ley del dolor, cuya consecuencia es el debilitamiento de la voluntad. Se va del ser al no ser, de la vida a la muerte. Toda la humanidad está consagrada a la aniquilación.

Giménez Pérez, F (2018). Philipp Maidländer. Filosofía de la redención.​ «Reseña» a Mainländer, Philipp (2014), ​Filosofía de la redención. Madrid: Ediciones Xorki, 2014. Revista Metábasis, Nº 1, 78.

 

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Individuo y Persona en el Padre Feijoo

Pero después de todo me queda la sospecha, de que la cFeijoouestión de si son dos individuos, o uno, cuando las cabezas son dos, y uno el corazón, acaso cae sobre un supuesto falso. Acaso, digo, siempre que son dos las cabezas, son dos los corazones. Martino Weinirich, Autor que no he visto, sino citado en Paulo Zaquias, fue el único que dio en el pensamiento, de que, siendo dos las cabezas, es necesario ser dos los corazones. Impúgnale Paulo Zaquias con las historias de tres monstruos, en cada uno de los cuales eran dos las cabezas, y único el corazón. Pero yo pretendo, que estas historias nada prueban, entretanto que no nos consta, que el examen de la unidad del corazón se haya hecho con toda la delicadeza, que cabe en la pericia Anatómica; porque el que a la simple, y común inspección el corazón parezca uno, nada convence.

Fúndome en el examen que hizo Mr. Lemeri de un monstruo bicípite, nacido en París el día 15 de Marzo del año 1721. Este, aunque con dos cabezas bien distintas, y separadas, no tenía más que dos brazos, y dos piernas, &c. pero el pecho era más ancho, y abultado, que debiera ser en correspondencia a una sola cabeza. Abierto, se hallaron dos espinazos, inmediatos uno a otro, que proseguían así hasta el Coccix; el cual, aunque exteriormente parecía único, bien reconocido, se vió estar duplicado. El corazón a la vista no era más que uno, y aun se puede decir, que examinada su cavidad, no representaba ser más que medio corazón, porque no tenía más que un ventrículo, sin septo medio, que le dividiese, ni en todo, ni en parte. Con todo, el sabio Anatomista, que hizo la disección, formó juicio resuelto, y firme de que eran dos corazones incorporados, y como confundidos en uno. Su gran prueba fue la duplicación del tronco de la aorta, y del de la arteria pulmonar; de modo, que de un lado salían dos troncos de aortas, y del otro dos de la arteria pulmonar, evidentemente destinados a repartir la sangre a dos fetos confundidos en uno. En los pulmones había también su confusión. Mirados a bulto, parecían una entraña sola; pero examinados con cuidado, se reconocía ser dos; ni podía ser otra cosa, ya por recibir dos arterias pulmonarias, ya por ser basas de dos tráqueas. Omito otras particularidades, que no son del caso para el asunto en que estamos, y que se hallan individuadas con mucha extensión en las Memorias de la Academia Real de las Ciencias del año 1724.

Mucho me inclino a que si en todos los monstruos bicípites se hiciese la disección con toda la exactitud, que observó Mr. Lemeri, en todos se hallarían dos corazones; a lo que me mueven las siguientes reflexiones. Lo primero, porque esto es más natural, y lo contrario más monstruoso. Es más natural, digo, que en un complejo, donde hay dos cabezas, haya dos corazones; y el juicio se debe hacer por lo más natural, siempre que lo contrario no consta con certeza. Lo segundo, por haberse observado tal vez en otros miembros menos nobles de semejantes monstruos la duplicación, registrándolos con cuidado, aunque a la vista se representaba uno solo. Ulises Aldrobando refiere, que el año de 1610 en el territorio de Pistoya nacieron dos infantes unidos, de los cuales uno, según lo que se ofrecía a los ojos, no tenía más que una pierna; pero tentándola con diligencia el Cirujano, reconoció en ella los huesos correspondientes a dos piernas. En el monstruo bicípite de Nortumberland, de que hablamos arriba, hiriendo cualquiera de las dos piernas, sentían el dolor, como allí notamos, ambas cabezas; de que se infiere, que debajo de un tegumento común había dos piernas, una correspondiente a una cabeza, otra a otra. El monstruo de esa Ciudad ofrece otra prueba de lo mismo, pues la división desde el codo en dos brazos, y dos manos, muestra que el intervalo, desde el hombro al codo, en que se representaba un brazo sólo, había las venas, arterias y nervios correspondientes a dos brazos; porque si no, ¿cómo pudieran bajar al resto las correspondientes a dos brazos, y dos manos? De que es natural colegir el hueso, desde el hombro al codo, también duplicado.

Lo tercero, porque el modo más natural, y aun acaso único, de explicar la formación de esta especie de monstruos, es por la conglutinación de dos fetos, la cual pudiendo hacerse de innumerables maneras diferentes; esto es, conglutinándose tales, o tales miembros, y quedando separados tales, o tales, de aquí resulta la variedad de ellos; pero es consiguiente a dicha formación, que en cada uno de tales monstruos (a lo menos por lo común) existan todos los miembros correspondientes a dos individuos, unos conglutinados, otros divididos.

Feijoo, B. J. (2018). Respuesta a la consulta sobre el infante monstruoso de dos cabezas, dos cuellos, cuatro manos, cuya división por cada lado empezaba desde el codo, representando en todo el resto exterior, no más que los miembros correspondientes a un individuo solo, que salió a luz en Medina-Sidonia el día 29 de Febrero del año 1736. Y por considerarse arriesgado el parto, luego que sacó un pie fuera del claustro materno, sin esperar más, se le administró el Bautismo en aquel miembro. Revista Metábasis, Nº 1, 70.1.

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La relación entre Clausewitz y Carl Schmitt

Metabasis045La teoría política de la guerra de Clausewitz se apoya en el principio de hostilidad recíproca y en el principio político, inducidos de la experiencia. Sobre esta base, puede inteligirse que la hostilidad como aspecto de la política lleva en sí la posibilidad de la guerra. Por ello Schmitt cuando dice que «La específica distinción política a la cual es posible referir las acciones y los motivos políticos es la distinción de amigo (Freund) y enemigo (Freind)» coincide con la visión de Clausewitz. La guerra es política, es actualización de una potencia de la política, un desarrollo de las relaciones de amigo- enemigo. Lo que denominamos principio de hostilidad recíproca en la teoría de Clausewitz se expresa como principio de enemistad y criterio de lo político en El Concepto de lo Político de Schmitt.

Anzaldi, P. (2018). Clausewitz y Schmitt. El concepto político de la Guerra. Revista Metábasis, Nº 1, 48.

 

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