El campo de una ciencia

Cinco poliedros regularesEl campo de una ciencia puede ser redefinido, por tanto, como un conjunto de contextos determinados, entretejidos en una symploké sui generis: el papel de los contextos determinados no es sólo el de instaurar la posibilidad de establecer relaciones necesarias entre los componentes dados en su ámbito, sino también el de establecer la desconexión o interrupción entre los contextos determinantes y la totalidad inmensa de materiales que los envuelven o atraviesan, y que harían imposible cerrar ningún circulo de concatenación. Los contextos determinados son, simultáneamente, marcos e interruptores (en el caso particular de las relaciones causales, este papel «interruptor» corre a cargo de las «armaduras». De este modo, las verdades necesarias establecidas por las ciencias (que ya no habrá que hacer consistir tanto en una adecuación de la forma global, lingüística, por ejemplo, con la materia real, sino en la adecuación-identidad de unas partes con otras partes materiales del contexto determinado, hecha posible por los esquemas de identidad constitutivos de tales contextos) se nos ofrecen como internas al cuerpo de la ciencia que las establece y no requieren comprometer al mundo, en su totalidad, exigiendo su necesidad (como la exigía la teoría aristotélica de la ciencia).

La doctrina de los contextos determinados y, sobre todo, la distinción entre estos contextos y los contextos determinantes, permite dar cuenta también de la falibilidad inherente a la predicción científica. Falibilidad que, desde una perspectiva no materialista, se interpretara acaso como testimonio del «indeterminismo de la Naturaleza» o, simplemente, del carácter meramente probabilístico (nunca determinista) de las proposiciones científicas. Desde luego, la predicción (o retrodicción) no es el único objetivo de las ciencias, ni el único criterio de cientificidad. La predicción o retrodicción es un genero importante, sin duda, de construcción que aparece cuando lo construido se da insertado en algún proceso temporal. Proceso que puede afectar a la propia semántica interna del contexto (la predicción o retrodicción de un eclipse por un astrónomo, necesariamente situado en un punto t del curso temporal astronómico) pero también sólo a la pragmática de contexto, exterior a él (la predicción de una nueva cifra decimal del numero π).

Bueno, Gustavo (1993). Teoría del cierre categorial, Tomo 5. Oviedo: Pentalfa, 142-3.

 

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ISSN 2605-3489

Los «juegos de libertad»

GUSTAVO BUENO
GUSTAVO BUENO

Sólo después de haber recorrido «caminos vitales» con los cuales no nos identificamos es posible encontrar «el camino propio»; sólo después de disparar el cañón con un proyectil que traza una trayectoria desviada de nuestro ulterior propósito podemos medir el ángulo de desviación y apuntar al objetivo deseado.
La libertad, aunque no tiene por qué incluir el arrepentimiento de los caminos inicialmente recorridos, sí tiene que incluir el reconocimiento de que esos errores, que sólo pueden llamarse tales en función del camino final, fueron necesarios para fijar el propio camino. Pero no sólo en la constitución de los programas, sino también en la ejecución de los mismos cabe la libertad, precisamente cuando la ejecución puede volver a poner deliberadamente (por juego o por arte) en peligro la vida o el arte de las personas, en una suerte de «juegos de libertad». Nos referimos a las situaciones paradójicas de aquellos «juegos personales» que, aun presuponiendo programas minuciosamente preestablecidos parecen contar con el error de ejecución, sobre todo cuando con en este error el artista se juega, y no aleatoriamente (como en el juego de la llamada «ruleta rusa»), no sólo su arte sino también su vida: juegos que al parecer debieran ser reprobados desde el punto de vista ético. Es el caso del juego del piloto de avión en una prueba acrobática, es el juego de un trapecista sin red, o el un torero ante un toro «sin afeitar», o el de un pianista que interpreta (y no improvisa) una obra clásica sin partitura. Si la acrobacia aérea fuera ejecutada a través de un ordenador, admiraríamos la técnica, pero no el arte, y la acrobacia perdería su dramatismo, aunque el efecto fuera similar. Otro tanto ocurre con el trapecista con red: acaso ejecuta sus pasos mejor que el que no tiene asegurada su caída, pero el dramatismo ha desaparecido. ¿Cabe decir entonces que estamos deseando el error, incluso el error mortal, en nombre de la libertad, a fin de que el arte pueda manifestarse realmente como lo que es? No necesariamente. También podría decirse que estamos esperando comprobar cómo el artista logra evitar el error, confiando generosamente en que su arte sea tan perfecto (por ello hay que descartar los juegos aleatorios) que ni siquiera pueda decirse que ni él, ni la vida del artista, en su caso, han sido puestos en peligro. Pero, de todos modos, reconocemos que el error (la posibilidad de error) figura aquí como un componente esencial de ese juego, de ese arte. Quizá todo el mundo sabe también, desde luego, que ni el piloto que en sus acrobacias estrelle su avión, ni el torero que muera corneado en la arena, ni el trapecista que se destroce al caer en el suelo, pueden rectificar sus errores; pero tampoco pueden arrepentirse de ellos.

Bueno, Gustavo (1996). El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral.

Oviedo: Pentalfa, 255.

 

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La involucración como conónimo

GBueno

El tratado aristotélico de las Categorías, ¿es un tratado lógico, dialéctico, o bien es ontológico?

Sin duda, es un tratado en el que estas «disciplinas» están involucradas, sobre todo cuando la clasificación aristotélica (homónimos, sinónimos, parónimos) se cruza con la escolástica (equívocos, unívocos, análogos). La clasificación aristotélica es incontestablemente ontológica, aún cuando esté involucrada con la clasificación lógico gramatical; la clasificación escolástica es lógico gramatical, aunque esté involucrada con la clasificación ontológica.

Contemplada esta cuestión desde la Teoría del cierre categorial, la intersección (o involucración) entre Lógica (material) y Ontología, implicada en los capítulos de los antepredicamentos con los que comienza el libro de las Categorías de Aristóteles, pasa claramente por el terreno de la Gnoseología, y se mantiene largamente en él. En efecto, las ciencias positivas, analizadas desde la Teoría del cierre categorial, se constituyen precisamente en el proceso de involucración de las diversas figuras gnoseológicas (dadas en cada uno de los ejes sintáctico, semántico y pragmático) con las diversas realidades materiales (y muy especialmente corpóreas) de la experiencia. La involucración de la Gnoseología y de la Ontología puede constatarse a lo largo de todos los ejes y figuras, pero se hace especialmente notoria en la figura de los términos (del eje sintáctico), en la figura de los referenciales (del eje semántico) y en la figura de los dialogismos (del eje pragmático), en la medida en que todas estas figuras se organizan a través de símbolos (σ) y objetos (O); y por símbolos (σ) hay que entender, en Teoría de la Ciencia, tanto a los símbolos del álgebra, lógica o matemática, o a los símbolos de la Química, como a las palabras utilizadas por las diversas ciencias, ya hayan sido acuñadas por ellas (‘protón’, ‘quark’, &c.), ya sean redefiniciones del lenguaje común (‘agua’, ‘roca’).

Bueno, Gustavo (2007), Conónimos. El Catoblepas, Nº 67, 2.

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Las matemáticas, la disciplina por antonomasia

Gustavo Bueno 2014

Ante todo, constataremos el «momento» que a las Matemáticas hay que reconocerles en cuanto disciplina y, no solo esto, sino, en cierto modo, como disciplina por antonomasia. Por de pronto, como nos lo recuerda su etimología, no cabe olvidar que el término latino disciplina (en su acepción concreta de «materia susceptible de ser enseñada») se corresponde con el término griego mathema; así como otros términos de la constelación de derivados del verbo disco-is, didici, discere [(sin supino, ni participio; el participio de disco es doctus) traducido al español por aprendo (en cuanto contrapuesto a enseño, doceo)] como discípulo o condiscípulo, se corresponden con los términos griegos mathetés y symmathetés, respectivamente.

Bueno, Gustavo (2000). Las matemáticas como disciplina científica.  Ábaco, Nº 25-26, 48.

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La historiografía como justificación de los nuevos nacionalismos en forma de museo

Benedict Anderson Comunidades imaginadas«El censo, el mapa y el museo» analiza, por tanto, el modo en que, en forma del todo inconsciente, el Estado colonial del siglo XIX (y las políticas que su mentalidad favoreció) engendraron dialécticamente la gramática de los nacionalismos que, a la postre, surgió para combatirlos. De hecho, podríamos llegar hasta decir que el Estado imaginó a sus adversarios locales, como en un ominoso sueño profético, mucho antes de que cobraran auténtica existencia histórica. A la formación de estas imágenes, la abstracta cuantificación/serialización de personas, hecha por el censo, la logoización del espacio político debida los mapas, y la «ecuménica» y profana genealogizacion del museo hicieron contribuciones entrelazadas.

Anderson, Benedict (1993). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. México: Fondo de Cultura Económica, 14-5.

 

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El «efecto trinquete» y el comportamiento de los consumidores

Efecto trinqueteEste afán por alcanzar niveles elevados de consumo cobra un mayor vigor debido al alto grado de movilidad social que tiene nuestra sociedad. En una sociedad en la que los criterios concernientes a la categoría social dependan del nacimiento, es imposible que un individuo  ascienda de categoría social. Por consiguiente, el afán por lograr un nivel elevado de consumo como medio de alcanzar una categoría superior no existe.

Por otra parte, nuestra sociedad no está estratificada, es decir, no erige barreras sólidas contra la asociación de individuos de diferentes categorías sociales. Esto quiere decir que la frecuencia con la que un individuo puede realizar comparaciones envidiosas entre la calidad de su nivel de vida y el de otras personas aumenta grandemente. […]

Teniendo en cuenta estas consideraciones, parece muy posible que, una vez alcanzada cierta renta mínima, la frecuencia y la fuerza de los impulsos para aumentar los gastos, en el caso de un individuo concreto, dependerá totalmente de la relación entre sus gastos y los de las personas con las cuales se trata.  No es posible dar una demostración concluyente de esta hipótesis, pero sí se puede demostrar que constituye una hipótesis de trabajo muy aceptable.  (Duesenberry, J. S.,  1972. La renta, el ahorro y la teoría del comportamiento de los consumidores. Madrid: Alianza Editorial, 63-5)

Este «efecto trinquete» es un eslabón importante entre la teoría del desarrollo económico y la teoría del ciclo. Nos explica por qué cada ciclo se halla, en cuanto a renta y consumo, a un nivel más alto que el ciclo anterior. En cada boom, cualquiera que sea su causa, se explotan las ganancias en productividad obtenidas desde el boom anterior. La renta  aumenta hasta un nivel superior al del último boom. Cuando decaen las inversiones, la renta y el consumo decrecen, pero no hasta bajar al nivel de la depresión anterior. El «trinquete» impide que la economía se deslice hacia atrás todo el camino y pierda cuantas ganancias de renta adquirió durante el boom anterior. (Duesenberry, J. S.,  1972. La renta, el ahorro y la teoría del comportamiento de los consumidores. Madrid: Alianza Editorial, 176-7)

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Involucración del cuerpo-máquina y los deportes supraindividuales

GBuenoPara que la definición fuera positiva y no meramente reductora, sería necesario el progressus desde el cuerpo máquina a los deportes definidos, en un campo que desborda claramente a las máquinas, puesto que supone la involucración de muchos de ellos en morfologías de escala suprainvididual. Pero, ¿cómo construir, a partir de la máquina organismo, el «ligero biciclo» o el fútbol? Lo que hacía Ferrer Mitayna no era «derivar» los deportes del referencial máquina-organismo —y a la gimnasia, practicada en su ámbito—, sino regresar, partiendo de los deportes, hasta una máquina-organismo que estaría actuando como Deus ex machina de todas las demás disciplinas deportivas.

Bueno, Gustavo (2014). Ensayo de una definición filosófica de la Idea de Deporte.

Oviedo: Pentalfa, 77.

 

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La sociopatía, ejemplo de involucración de la Psicología con otras disciplinas

Inteligencia emocionalEl psicópata no sólo es una persona aparentemente encantadora sino que también carece de todo remordimiento ante los actos más crueles y despiadados. La psicopatía, la incapacidad de experimentar empatía o cualquier tipo de compasión o, cuanto menos, remordimientos de conciencia, es una de las deficiencias emocionales más desconcertantes. La explicación de la frialdad del psicópata parece residir en su completa incapacidad para establecer una conexión emocional profunda. Los criminales más despiadados, los asesinos sádicos múltiples que se deleitan con el sufrimiento de sus victimas antes de quitarles la vida, constituyen el epitome de la psicopatía. Los psicópatas también suelen ser mentirosos impenitentes dispuestos a manipular cínicamente las emociones de sus victimas y a decir lo que sea necesario con tal de conseguir sus objetivos. […].

Una de las formas más detestables de falta de empatía ha sido puesta de manifiesto accidentalmente por una investigación que reveló que los maridos que agreden físicamente o incluso llegan a amenazar con cuchillos o pistolas a sus esposas, se hallan aquejados de una grave anomalía psicológica, ya que, en contra de lo que pudiera suponerse, estos hombres no actúan cegados por un arrebato de ira sino en un estado frío y calculado. Y, lo que es más, esta anomalía era más patente a medida que su cólera aumentaba y la frecuencia de sus latidos cardíacos disminuía en lugar de aumentar (como suele ocurrir en los accesos de furia), lo cual significa que cuanto más beligerantes y agresivos se sienten, mayor es su tranquilidad fisiológica. Su violencia, pues, parece ser un acto de terror calculado, una forma de controlar a sus esposas sometiéndolas a un régimen de terror.

Los maridos que muestran una crueldad brutal constituyen un caso aparte entre los hombres que maltratan a sus esposas. Como norma general, también suelen mostrarse muy violentos fuera del matrimonio, suelen buscar pelea en los bares o están continuamente discutiendo con sus compañeros de trabajo y sus familiares. Así pues, aunque la mayor parte de los hombres que maltratan a sus esposas actúan de manera impulsiva —bien sea movidos por el enfado que les produce sentirse rechazados o celosos, o debido al miedo a ser abandonados— los agresores fríos y calculadores golpean a sus esposas sin ninguna razón aparente y, una vez que han empezado, no hay nada que éstas puedan hacer —ni siquiera el intento de abandonarles— para aplacar su violencia.

Algunos estudiosos de los psicópatas criminales sospechan que esta capacidad de manipular fríamente a los demás, esta total ausencia de empatía y de afecto, puede originarse en un defecto neurológico. Existen dos pruebas que apuntan a la existencia de un posible fundamento fisiológico de las psicopatías más crueles, pruebas que sugieren la implicación de vías neurológicas ligadas al sistema límbico. En un determinado experimento se midieron las ondas cerebrales del sujeto mientras éste trataba de descifrar una serie de palabras entremezcladas, proyectadas a una velocidad aproximada de diez palabras por segundo. La mayor parte de las personas reaccionan de un modo diferente ante las palabras que conllevan una poderosa carga emocional, como matar, que ante las palabras neutras, como silla, por ejemplo. Dicho de otro modo, la mayoría de las personas son capaces de reconocer rápidamente las palabras cargadas emocionalmente y sus cerebros muestran patrones de onda característicamente diferentes en respuesta a las palabras cargadas emocionalmente y a las palabras neutras. Los psicópatas, por el contrario, adolecen de este tipo de reacción y sus cerebros no muestran ningún patrón distintivo que les permita discernir las palabras emocionalmente cargadas y tampoco responden más rápidamente a ellas, lo cual parece sugerir algún tipo de disfunción en el circuito que conecta la región cortical en donde se reconocen las palabras con el sistema límbico, el área del cerebro que asocia un determinado sentimiento a cada palabra.

En opinión de Robert Hare, el psicólogo de la Universidad de la Columbia Británica que ha llevado a cabo esta investigación, los psicópatas tienen una comprensión muy superficial del contenido emocional de las palabras, un reflejo de la falta de profundidad de su mundo afectivo. Según Hare, la indiferencia de los psicópatas se asienta en una pauta fisiológica ligada a ciertas irregularidades funcionales de la amígdala y de los circuitos neurológicos relacionados con ella. En este sentido, los psicópatas que reciben una descarga eléctrica no muestran los síntomas de miedo que son normales en las personas cuando sufren dolor. Es precisamente el hecho de que la expectativa del dolor no suscita en ellos ninguna reacción de ansiedad lo que, en opinión de Hare, justifica que los psicópatas no se preocupen por las posibles consecuencias de sus actos. Y su incapacidad de experimentar el miedo es la que da cuenta de su ausencia de toda empatía —o compasión— hacia el dolor y el miedo de sus victimas

Goleman, Daniel (1996). Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, 180-3.

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Análisis postmoderno del conflicto árabe-israelí. Adelanto del Número 2 de Revista Metábasis

Meir Margalit Jerusalén

Rodríguez Pardo, J.M. (2019). Análisis postmoderno del conflicto árabe-israelí. «Reseña» a Margalit, Meir (2018). Jerusalén. La ciudad imposible. Madrid: Catarata, 158 páginas. Revista Metábasis, Nº 2, 105.11.

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La inferioridad moral de la sofística. Adelanto del Número 2 de Revista Metábasis

Sanchez Cuenca

Giménez Pérez, Felipe (2019), La inferioridad moral de la sofística. «Reseña» a Sánchez-Cuenca, Ignacio, La superioridad moral de la izquierda. Prólogo de Íñigo Errejón. Madrid: Editorial Lengua de Trapo, 114 páginas. Revista Metábasis, Nº 2, 99.103.

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